INTRODUCCIÓN
Estimado lector, cuando miro al cielo y veo pasar un avión, cada vez estoy más convencido de que esa máquina de volar la comenzaron a fabricar las bacterias. Lo mismo pienso de los satélites artificiales y de las naves espaciales que existan ahora o que vayan a existir en el futuro. Como quizá ya habrá pensado después de leer estas primeras líneas, pretendo ofrecerle una visión diferente de la evolución biológica contenida en un juego de ideas que aspira a resultarle agradable.
Su historia, lector, puede ser la de un organismo que nació, no sabemos cómo, hace 3.500 millones de años. Durante 2.000 millones estuvo compuesto solamente de células, como lo está también Ud. Al cabo de ese tiempo maduró para reproducirse -que es para lo que maduran los seres vivos- y comenzó un proceso que le podría permitir sobrevivir más allá del fin cierto del planeta que los modelos científicos predicen. Para ello le surgieron una especie de órganos de muchos tipos consistentes en seres pluricelulares que competían y colaboraban entre sí, de esta manera podría surgir una especie tecnológica que mediante el uso de sus propiedades construyera artefactos que permitieran vencer a la fuerza universal que atrapa a la vida en el planeta: la gravedad. De este modo la vida podría surgir de un planeta y llegar a otro. Probablemente sea ésta la manera más fácil de sobrevivir la vida en el Universo. Según esta hipótesis Ud. es una parte de ese gran organismo y por tanto condiciona el comportamiento de él en una mínima parte, la que dependa de Ud., pero por otro lado su conducta también está condicionada por el macroorganismo.
Las ideas que expreso en este ensayo toman cuerpo de teoría, a la que he llamado