Cap. 04 Estética y Arte
ò Introducción general
ò La estética
ò Introducción a la
estética
ò Concepto de belleza
ò La belleza en Aristóteles
ò Crítica del tema
ò La mensura
ò Su significado
ò Análisis filosófico
ò Posibilidad de medir
la belleza
ò Papel de la probabilidad en
el vocablo posibilidad
ò La belleza como entidad
probable
ò Cuantificación de la
belleza
ò El orden de los
objetos
ò Los símbolos ordenados en
un cuadro
ò Concepto del orden
ò La certidumbre de
los objetos
ò Concepto de certidumbre
ò Concepto de información
ò La Teoría de la
Información y la Cibernética
ò Autores que la refieren en la mensura estética
ò Resumen de la propuesta de los autores
ò En cuanto a su concepción
de la estética
ò En cuanto a la concepción
de las disciplinas que la incumben
ò Confección de la
proposición de la tesis que se estudia
ò El arte
ò Introducción al arte
ò Concepto de arte
ò El arte en Schopenhauer
ò Análisis de la cuestión
planteada por Schopenhauer
ò Concepto de idea aplicado
ò El arte en la
historia
ò Su significado
ò Análisis filosófico
ò ¿Hay arte de lo metafísico?
ò Fundamentaciones
psicológicas del arte
ò El consciente
ò El mensaje subliminar
ò La obra de arte
ò El canal de
información
ò Concepto de canal
ò La entropía en el arte
ò Posibilidad de medir el arte
ò Apéndices
ò Apéndice 1 (medida de la
«información»)
ò Apéndice 2 (cálculo de los
«indicadores de belleza»)
ò Apéndice 3 (autores que se
refieren al tema)
ò Apéndice 4 (autores que se
refieren a la metodología de estudio sobre el tema)
ò Apéndice 5 (análisis lógico
del contenido que se refiere al tema)
ò Apéndice 6 (análisis lógico
de las disciplinas que estudian el tema)
ò Apéndice 7 (ejemplo
empírico)
ò Apéndice 8 (ejemplo
empírico)
ò Apéndice 9 (problemática de
la autoaplicabilidad)
ò Apéndice 10 (interpretación
de la argumentación ontológica)
ò Apéndice 11 (artes
intuitivo y simbólico)
ò Conclusiones
ò Conclusiones sobre la
estética
ò Conclusiones sobre el arte
ò Bibliografía
ñ Introducción
general
Supongamos que usted se presenta en
un concurso de arte donde expone su cuadro que le ha dado un año de afanoso
trabajo. Al lado suyo, un niño ciego y principiante en el tema, expone también
el que ha improvisado. Llega el momento de decisión del jurado y le otorgan el
primer premio a este niño. Usted, confundido, se preguntaría seguramente cuál
ha sido el motivo. Bien, ¿no le interesaría disponer entonces de un criterio
para comprender el juicio? Este, sin
más, es el objeto del presente trabajo.
Se hablará entonces primeramente del
arte. Lo que se propone mostrar es que el arte no necesita de estética. O sea,
que no hay arte de cosas bellas y de cosas feas, es decir,
que es totalmente independiente de la belleza. El arte, siendo meramente
comunicacional, es la expresión, el mensaje, etc. que manifiesta el artista, ya
sea éste una persona de carne y hueso como usted o yo, o bien un animal, un
vegetal, la Naturaleza, o sino también un frío mecanismo. Es excento de
belleza, y por lo tanto también de juicio de gusto.
Pensemos ahora que usted camina por
el jardín y encuentra en el piso un sinuoso camino. Entonces pensará: «aquí han
andado hormigas». Es decir, por más que no se las vea transitar, no tendrá
dudas de que ello es así. La hormiga de alguna manera comunicó voluntariamente
o no que ése es o fue su camino: hizo un arte, se expresó. Si es feo o no,
dependerá de uno y de la hormiga, pero no es esa la cuestión. Ella dejó un
concepto y que usted captó. A tal punto que no es eso un camino de abejas ni el
de un elefante, sino que es de hormigas; o sea que se expresó tal como cuando
hace su hormiguero, o todas las demás cosas, desde que nace y hasta que muere.
Veamos otro ejemplo. A simple vista
es común distinguir entre un cuadro pintado a mano de otro que sale de la
impresora de una computadora personal. ¿Porqué?... porque el mecanismo tiene su
expresabilidad diferente al de un individuo biológico a través de su pincel.
Cada uno tiene su arte, es decir, comunican algo de alguna manera y distinta.
Si es lindo o si es feo, si gusta o no gusta, pues si es estético o no, no es
importante; y aquí lo único que interesa, es la comunicación que, en sí, es
excenta de juicio de gusto y es meramente referencial. Y, como tal, es un canal
de información.
Ahora sí hablemos de la estética.
Con ésta se referirá la belleza visual. Sabemos que este es un caso particular
de ella, puesto que hay tantas como percepciones sensitivas dispongamos. Así,
si es grata una melodía al escucharla o no, o un atardecer al contemplarlo, no
es tema de este estudio, ya que solamente se observarán los efectos que tiene
ese "algo bello" sobre nosotros. No se indagará en la metafísica que
tal vez ocupa el tema, sino en lo físico que provoca, es decir, en los efectos
que causa. Si la abeja reina es galanteada por la excitación del zángano, no la
entiendo como una comunicación sino como algo meramente fruto de lo sensible. Y
es a ello a lo que me refiero. No estamos con esto hablando de un arte, sino de
una estética que tendrá como fundamente un gusto.
Por ejemplo, a algunos les gusta el
dulce de leche, otros, más golosos, aun le incorporan crema. Es esto lo que
llamamos gusto. Pero no nos referimos a ello, sino a aquello que puede tener
condiciones de universalidad en su compartir. Nos referiremos a la belleza o
fealdad de algo, común para una determinada ocasión de un grupo social.
Con justicia Kant ha observado19a:
"[...] no hay ni puede haber una
ciencia del gusto, [...]."
Seguidamente se ahondará en el tema
central: la posibilidad de unión del arte con la estética. Volvamos a la
hormiga. ¿Vemos en ellas algún galanteo a su reina? Seguro que sí, dirán los
expertos. El mismo no podrá ser otro que un gusto válido para las de hormigas
plasmado en su medio de expresión. Difícil será toda pretensión de cualquier
autor, artista —y aun del que les escribe— si no busca agradar a su público.
Inclusive los epitafios de suicidas lo buscan. Expresan y agradan. Son dos
caras de una misma moneda: del valor,
de aquello que ponderamos con un fin, un logro.
Así, una verdadera obra de arte
conlleva ambas cuestiones, aunque no necesariamente una estética. Un jurado,
como el que calificó la pintura del niño, puede perseguir otros valores que no
son los suyos o míos, al igual que el jurado que distinguirá o no mi trabajo
escrito. Sólo un canon axiológico determinará su validez, puesto que en el
presente texto, como en cualquier otro, hay arte y estética, es decir,
sencillamente, una comunicación de algo lo más elegante posible. Y, si no
importara esta elegancia, me remitiría solamente a lo académico cientificista y
filosófico, y hasta me autonegaría trascendentalmente porque lo que se busca en
este estudio es mostrar la prescindibilidad, justamente, de agradar y comunicar
algo.
En efecto, también se postulará que
ambas parcialidades holísticas —puesto que se defiende que el arte y la
estética son partes de un todo mayor que su suma— son posibles de cuantificar
en mensura. Esto puede resultar en principio algo equivocado y sinsentido para muchos, pero, justamente, la tarea consistirá en desafiar
ese aspecto y mostrar la universalidad en estas cuestiones.
Además, quiere dejarse constancia,
que el presente enfoque del tema sabemos no es único, sino que ya se encuentra
abordado por muchísimos autores del pensamiento. Éste será, tal vez, un
paradigma explicativo más entre otros.
ñ La estética
ñ Introducción a la estética
«¿Es que hay algo escrito sobre
gustos?». Ello explicaría la cuestión de que sobre los criterios del «gusto» no
se conocen reglas que sean universales, es decir, que no existen leyes. Lo que
para uno es bello, puede no serlo para otro y viceversa. No puede haber
pretensión de universalidad en el «gusto» ya que su juicio es imparcial.
Por eso, el presente trabajo
abordará una realidad física y tangible: la «belleza» (o «estética»), y no
incursionará dentro del marco trascendente del «gusto», como tampoco en el
dominio del «arte». Nada diremos aquí si la «belleza» se entiende o no, puesto
que este es un tema exclusivo del «arte». Sabemos que etimológicamente
«estética» significa sensación. Así,
de hecho, no es que se pretenda medir el sentir
en sí como algo metafísico, sino a lo sensitivamente dado como bello que
se produce en el individuo —placer-displacer de pretensión universal y que se
configura en la estereotipación fisiológica de una comunidad dada.
Con apoyo en la obra kantiana Crítica del Juicio19,
se dirá simplemente que no nos sujetamos al «juicio de gusto» por su necesaria
subjetividad, sino a un «juicio sobre la belleza» que es estético y sí tiene
pretensión de validez universal.
En otros términos, pues, se
sustentará el estudio en dos posturas: una filosófica y otra científica. Ambas,
tendrán el mismo único fin que consistirá en dar respuesta a la pregunta
proposicional de la tesina. De esta manera, el marco teórico de trabajo será
dual; a saber: una filosófica sustentada por la crítica a la facultad de juzgar
en el juicio estético, y otra científica por la disciplina de la Teoría de la
Información.
Por otra parte, el problema aquí
presentado no es nuevo ya que se encuentra en Aristóteles. En su Poética04
expresa claramente lo que entiende por «belleza» como un «orden no al acaso»;
es decir, que ofrece el punto de partida de la investigación
filosófico-científica que nos proponemos abordar.
Analizando este concepto
aristotélico de lo estético, y delimitando nuestro marco teórico y conceptual
de análisis, lo llevaremos solamente a una aplicación puramente visual. Es
decir, a un cuadro o pintura. En él podemos aplicar de suyo esto de «orden no
al acaso» en los elementos —símbolos— que componen la imagen. Será aquí donde
intervenga al contexto filosófico la apoyatura científica.
Podrá observarse en el trabajo que,
haciendo una interpretación actual de la proposición aristotélica, ésta conjuga
dos conceptos dados en las ciencias: el del «orden» y el de la «información»
—incertidumbre del ocaso. Ambos, muy estudiados ya hoy en día y desde autores
de comienzo de siglo, permitirán implementar una estrategia metodológica para
la mensura de la propuesta de Aristóteles.
Se entiende que resultará de hecho
todo un desafío encontrar la manera adecuada para que, en esta pretendida
condición de posibilidad estética, podamos, de alguna manera, tener un
referente algorítmico para asignar un significado y por consiguiente poder
mensurar la «belleza».
ñ Concepto de belleza
ñ La belleza en
Aristóteles
Ya
Aristóteles en su Poética04
define a la «belleza» cuando dice:
"[...]
puesto que lo bello —sea animal o cualquier otra cosa compuesta de algunas— no
solamente debe tener ordenadas sus
partes sino además con magnitud determinada y no al acaso —porque la belleza
consiste en magnitud y orden—, [...] como en cuerpos y animales es, sin duda,
necesaria una magnitud, mas visible toda ella de vez, de parecida manera tramas
y argumentos deben tener una magnitud tal que resulte fácilmente retenible por
la memoria".
donde
encontramos que la considera formada por dos propiedades:
1)
«magnitud ...no al acaso ... de parecida
manera.» Significa algo medible,
probable y sin incertidumbre, es decir, con «Certidumbre».
2)
«tener ordenadas sus partes.» Que significa «Orden».
como
también ayuntadas por el conectivo «y» (conjunción copulativa lógica):
3)
«magnitud y orden» Que significa finalmente «Certidumbre y Orden».
de
donde se desprende un producto matemático. Por consiguiente, se indicará la
«belleza» como aquello dado por un «índice de lo estético» tal como es el producto
matemático entre el Orden y la Certidumbre.
ñ Crítica del tema
No es este un tema nuevo como se
dijera precedentemente, sino que ha habido y hay contemporáneamente algunos
autores que ya lo desarrollaron. Tenemos como ejemplos a Nicolás Rashevsky25
(1947), Abraham Moles23 (1958), Max
Bense07 (1965), Arnheim05
(1971), Umberto Eco13 (1972), Hugo
Volli29 (1972), etc. —véase los
Apéndices 4 y 5. Rashevsky ha estudiado el sistema nervioso y la posible
estructuración de un centro de sensación estética en el cerebro; Moles
relaciona la estética con la Cibernética y la Teoría de la Información, y nos
habla de mensajes en ella; Bense por su parte relaciona el arte con lo que
estudia la comunicación en la Inteligencia Artificial, y relaciona a
Morris-Shannon-Wiener; Arnheim vincula en lo estético las disciplinas de Teoría
de la Información-Cibernética-Física como lo hace Volli, y trabaja con
conceptos de orden y desorden informático (entropía); y Eco se pregunta por la
relación entre la estética y la semiótica. En suma, la filosofía ortodoxa: ¿se
ha preguntado seriamente por lo que estos autores plantean?... o son solamente
considerados ajenos a la temática metafísica y especulativa, propia de un cajón
oscuro de escritorio e inaccesible para el filósofo ordinario. ¿Es que dice el
hombre mayéutico bicefálico platónico-aristotélico: «no son temas tratados en
ninguna de mis obras y por lo tanto ajenos de mérito»? De ninguna manera se
responderá a la voz conjunta con muchos de ustedes, sino que aceptaremos el
desafío.
Los autores mencionados —en especial
el radical Aristóteles— se han orientado a definir la «belleza» en su sentido
no trascendente, es decir, como algo con pretensión de universalidad y
diferente del «gusto» subjetivo. Se tratará entonces de buscar las herramientas
instrumentales epistemológicas que determinen este posible acierto. En suma,
haremos ciencia de lo estético.
ñ La mensura
ñ Su significado
Aquí se analizará en qué consiste la medida. Significamos con esto el hecho
de medir la
longitud de algo,
de medir su velocidad
o de lo que fuese, siempre como facticidad. Es decir,
a tomar conciencia de qué
es lo que se
está realmente considerando al hacerlo.
Por un
lado, sabemos que
todo fenómeno físico depende del tiempo y
del espacio, y
que, como tal, también los propios
objetos de la
experiencia que lo
determinan dependerán de esto.
Sea el caso de un tren con
pasajeros que se desplaza y que
estará recorriendo un espacio en un
tiempo determinados; lo mismo les
ocurrirá a sus ocupantes como a cada pieza del vehículo.
Por otro lado,
si se especifica en una
argumentación cualquiera una
distancia o un
tiempo, necesariamente debemos hacer corresponder a
nuestra semántica algún
objeto que los
configure. Por ejemplo: si
decimos "de acá hasta
acá hay un
metro", se estará entonces expresando
una redundancia ya que
el «acá» involucra
una coordenada, es decir, un punto distante a un
centro fijo —una distancia.
Lo mismo ocurre con
el tiempo; a saber, que no es el tiempo
lo que pasa sino las
agujas del reloj; son los objetos del
fenómeno los que
transcurren.
O
sea que para
medir algo se precisará, precisamente, ese algo, y de
lo que tomamos debida nota y
mensura no es sino de ese
mismo algo que se
ha modificado en
el tiempo o en
el espacio, y no
de otra cosa.
Se
extrae de esto la conclusión de que
no existe la medida ni del tiempo
ni del espacio (es
decir, entendidos como "formas" kantianas20), sino solamente la de los objetos que
los determinan. Éstos "no son
en sí, sino en uno mismo".
Considerando un par de ejemplos más para
alegorizar el contenido,
volvamos primeramente al caso
del tren y se supondrá que a éste
con sus pasajeros los ve desplazarse un observador
que lo contrasta a su vez con
el paisaje de fondo. El sujeto observará entonces
deslizarse al conjunto, pero no así a sus
vías que se mantienen
rectas e "inmutables", tal cual ocurre con
el tiempo-espacio en todo fenómeno. Otro ejemplo podría referirse a la pregunta
extrafísica de que la nafta que consumimos al viajar con nuestro automóvil es,
de alguna manera, signo del espacio que recorremos. Esto pudo haber sido una
perfecta inquietud de un antiguo filósofo griego, empero su cuestionamiento no
es correcto, ya que el equivalente aquí con el combustible corresponderá, no al
espacio que no es medible, sino por ejemplo al mismo asfalto —que sí es
medible— y que se configura en dicho espacio.
ñ Análisis filosófico
En suma, se ha dicho dos cosas: una,
que toda medida siempre
se referirá a un
objeto; y otra, que no se
pueden medir ni el espacio ni el tiempo. Es decir, por
ejemplo, que nos engañamos
con las palabras
al pretender haber
mensurado el tiempo que demoraba un automóvil en llegar a cierto destino, como también al querer medir su distancia
recorrida.
Así, cuando ponderamos algo no es
una consideración ontológica en sí, sino referida a una variable independiente:
el tiempo-espacio. Querer escapar de esto es imposible. Se podría a su vez
pensar como una correspondencia de las «formas de sensibilidad» kantiana este
concepto positivista de variables independientes.
Nadie nunca ha mostrado un tramo de
espacio en su mano, ni tampoco un trozo de tiempo. No hay existencia de
distancia ni de duración si no nos referimos a un objeto de la fenomenología
inmanente. Es más, es éste un tema que ha ocupado a muchos autores en
filosofía, desde Aristóteles con su metafísica ontológica, pasando por Kant en
la incognoscibilidad de la metafísica trascendente20,
y terminando posiblemente con Heidegger con sus consejos acerca del olvido
metafísico del ser.
Además, sepamos también que es allí
hacia donde observamos que la metafísica apunta, o sea, a una fenomenología
fuera del tiempo-espacio. Por eso no es posible medirla como facticidad física
y con ello ponderarla para incorporarla en el lenguaje que es simbólico. Sólo
se la podrá «mostrar» en la mejor interpretación «hermenéutica comprensiva». En
suma, hablar de tiempo-espacio es hablar de metafísica o trascendencia, y
hablar de velocidad-gradiente de un objeto es hablar de física inmanente —se
entiende en física por gradiente a aquella variación del objeto o fenómeno en
el espacio.
ñ Posibilidad de medir la belleza
ñ Papel de la probabilidad
en el vocablo posibilidad
A los filósofos les apremia el
vocablo «posible». Tal vez ha sido el inquieto Kant quien haya sembrado su
chispa. Todo un florido jardín de riquezas al respecto de este concepto se ha
forjado desde tiempos remotos, tanto ortodoxo como determinista (megárico),
tanto realista como idealista. En fin, se cree que debiera asentarse un poco
más el tema. Es, aun para quien les habla, un término ambiguo puesto que no
distingue entre lo azaroso, lo estocástico, lo probable, etc. Es y ha sido, en
resumen, tierra de nadie.
¿Alguna vez alguien se ha puesto a
pensar en la frase «condiciones de posibilidad»? Seguro que sí... toda la historia
contemporánea me replicarán muchos. Pero, lo que se pregunta es más analítico.
Se pregunta: ¿qué se entiende por «condiciones» y qué se entiende por
«posibilidad» en una línea de conocimiento explicativa y no comprensiva?
Pareciera que la respuesta a esto la
tienen con firmeza la gente de las líneas positivistas cuando operan con
facticidades y hablan de «causas» y de «probabilidades». De cierto, con buena
voluntad podemos ver una correspondencia.
La autoridad matemática en
probabilidad y estadística Gmurman14 opina que la
«probabilidad es la ponderación de la posibilidad»... ¿Qué interesante no?
Podríamos llevar esto, si se permite, al ámbito kantiano y presentar lo
trascendental bajo el tinte y color positivista: «causas de la probabilidad».
Y es a esto último a lo que nos
referimos en cuanto a ver las posibilidades de mensurar la «belleza»; es decir,
de poder cuantificar en una línea de conocimiento explicativo aquél bagaje de
pretensión de validez universal que tiene el juicio estético.
ñ La belleza como entidad
probable
¿Qué quiso decir Aristóteles en su Poética04
cuando expresara la «belleza» como «magnitud ...no al acaso ... de parecida
manera.»? —especialmente en la oración «no al acaso».
Hablemos entonces de los vocablos acaso, azar, fortituidad, estocasticidad, etc. Ninguno de ellos se
encuentra determinado en lo más mínimo y son conceptos altamente contingentes.
Empero observemos la sutileza de este elocuente filósofo al decir: «no al acaso», es decir, que niega el acaso. Esto puede interpretarse de dos
maneras: una, como que la belleza será «necesaria» y cobrará pretensión de
universalidad para todos sin excepción, pero sabemos que esto no es así.
Segundo, y es donde se aprovechará, vemos que Aristóteles se encuentra negando
este caos total para aceptar que
existe algo intermedio, una posición azarosa y ordenada a la vez, a saber, la
«probabilidad».
Será entonces que este factor que se
denomina «probabilidad» resultará ser el eje central de la discusión de la
estética, tanto en su concepción aristotélica como kantiana.
Dice una máxima ética oriental que
«no hay ni lo bueno ni lo malo sino se fija un propósito primero». Bueno, aquí
hago extensiva esta idea: «no existe la estética en la naturaleza sino hay un
ser biológico que así la interprete»; es decir, que la naturaleza, excenta de
fin-final, posee un caos que sólo
dejará de serlo si hay alguien o algo que lo ordene.
ñ Cuantificación de la
belleza
Seguramente a esta altura del
análisis el lector estará por vincular los conceptos al punto que se traen en
la tesina. Posiblemente no escapará a su inteligencia que Aristóteles se
refería a que la «belleza» se encuentra dada por «causas de probabilidad» tal
cual la mejor interpretación explicativa de la comprensión de la frase
kantiana.
"¿Qué es esto...?", podría
argüir un conservador filósofo matriculado. Es un intento explicativo, se le
respondería.
Así, en efecto, la «belleza» con
pretensión de universalidad aristotélica, se encuentra dada por dos
consideraciones que podemos mensurar: una, por el «Orden» con que se dispongan
los objetos entre sí, y otra, por la «Certidumbre de la probabilidad» con que
se incorporen estos objetos. Por consiguiente, la organización y la certeza de
encontrar relacionados los símbolos que hacen a una obra determinarán su
belleza. Pero... ¿y el mensaje que nos deja el artista? ¿no nos causa placer o
displacer su mensaje?... se preguntarán muchos. Bueno, esto último nada tiene
que ver con la estética se les responde. Más adelante se ampliará el tema.
ñ El orden de los objetos
ñ Los símbolos ordenados en un
cuadro
Cuando se presenta un cuadro o
pintura sabemos que se pretende mostrar algo. A esto llamamos «arte» y también
entendemos que dista de la «estética» como capítulo aparte. No se analizará en
este trabajo al primero sino sólo al segundo, a despecho de muchos pensamientos
de la historia humana que los ha vinculado. Se dirá, pues, que el arte es una
cuestión que puede prescindir de la estética perfectamente, porque, siendo
solamente comunicacional —información probabilística— no pretende
necesariamente el placer de lo bello —ordenación.
Es evidente que el justo acomodamiento
de los objetos —o símbolos de un «alfabeto»— serán dispuestos entre sí de
alguna manera. Bueno, la armonía preestablecida entre ellos es a la que se
suele denominar con el término Orden.
Por ejemplo, si la pintura expresa
la Luna dentro de las sábanas de una cama matrimonial, no se verá muy ordenada
la cosa. Pero, si se la ubica en un firmamento, todos estamos tranquilos porque
el objeto se halla en su lugar preestablecido.
Se llega entonces a una conclusión.
Que todos los objetos que se dispongan tendrán una correlación entre ellos
determinados por un factor que denominamos Orden, y también que ese factor se
encuentra preestablecido por una costumbre social, cualquiera fuera —fuente
motriz de las interpretaciones prácticas en filosofía, v.g.: la moral como
hábito.
ñ Concepto del orden
Como
el concepto de «orden» según se explicó significa que «cada objeto esté en su lugar», se propone entonces medir el mismo
en porcentaje —esto es entre cero y uno. Por lo tanto, para una cantidad «n» de
objetos presentados y siendo sólo «m»
los que coinciden ordenadamente,
podemos hallar el Orden de los mismos como
O = m / n
Se deja para aquel investigador
avezado en los temas matemáticos afines, poder dar una forma funcional a esta
magnitud y con ello poder plantear las cuestiones posteriores con mayor
resolución. Nosotros solamente hemos presentado un concepto y, como tal,
seguramente ingenuo y simplista.
ñ La certidumbre de los objetos
ñ Concepto de
certidumbre
Precedentemente se tomó el ejemplo
de la Luna dentro de las sábanas o en el firmamento. Bien, también se dijo que
para el segundo caso la situación nos ponía más tranquilos. Analicemos este
sentimiento, es decir, preguntémonos qué fundamental motriz impulsa a nuestra
psicología llevarnos por tal «esperanza».
Si por ejemplo, ahora queremos hacer
un cuadro con los planetas de nuestro sistema solar, «esperaremos» que
aparezcan siempre algunos de ellos o no en la pintura así representada. ¿Qué
quiero decir? Bueno, en fin, la palabra se dijo: «esperanza» de encontrar
alguno de los objetos preestablecidos.
Esta expectativa de certeza —es
decir de Certidumbre— en la matemática lleva por nombre justamente «esperanza
matemática», y en la Teoría de la Información «entropía». Hay abundante
bibliografía al respecto de la primera —se aconseja referirse a la de Gmurman14
—, pero no lo es así tanto con la segunda —se recomienda recurrir en esto a la
de Abramson01.
Seguidamente citamos a Eddington en
estos conceptos11:
"Llámase
entropía a la medida práctica del elemento azar, que puede aumentar, pero jamás disminuir, en el universo. Se
mide por entropía lo mismo que se mide por probabilidad, [...] La entropía aumenta constantemente. [2º
principio de la termodinámica] Cuando este elemento ha alcanzado su límite y se
estabiliza, la flecha no sabe ya hacia qué punto dirigirse. No corresponde, sin
embargo, decir que en esa región el tiempo ha desaparecido; los átomos, como de costumbre, siguen vibrando cual si
fueran diminutos cascabeles. [...] El tiempo sigue allí y conserva sus propiedades conocidas,
pero ha perdido su ´flecha´. Igual que el espacio tiene extensión pero ya no ´corre´. Esto
plantea una cuestión importante. ¿Acaso el elemento azar [...] es la única
característica del mundo físico que pueda imprimir una dirección al tiempo?
[...] Daré un ejemplo sobre el particular [...]: ¿No podría un agrupamiento
ganar cada vez más en belleza (de acuerdo con algún canon estético conocido) a
medida que el tiempo avanza? A esta cuestión, otra ley de la Naturaleza da la respuesta en los
siguientes términos: Nada en la estadística de un agrupamiento permite distinguir una
dirección del tiempo, cuando la entropía tampoco la discierne. [1.— En un
calidoscopio pronto se llega a la mezcla completa, y todas las combinaciones son equivalentes con
respecto al elemento azar, mas difieren considerablemente en belleza]"
ñ Concepto de
información
Para hacer más explícito el concepto
de «información» nos valdremos de tres ejemplos cualesquiera:
1- Supongamos
que se pregunta en pleno
invierno a la
ciudad de Bariloche
cómo se encuentra el
clima allí, y que
la respuesta es
que hace mucho
frío. Claro estará entonces de que no
se nos ha brindado información
prácticamente. No hubiera ocurrido esto si en
cambio se nos
hubiera contestado de
que hace muchísimo
calor, ya que sí
entonces la información
sería abundante. Se quiere
poner en evidencia
aquí que entonces
la información siempre
está en relación con
la probabilidad de
un fenómeno, o mejor
dicho aún, con la
razón inversa a
esa probabilidad.
2- Los
cartuchos de los
juegos infantiles electrónicos, tan en boga
en nuestros días, tienen distintos costos de
acuerdo a la
riqueza de detalles
y velocidades de respuesta debido a la
cantidad de información
que manejan. Es
por ello que
la misma puede ser
interpretada como un
fenómeno mensurable en
un espacio y
tiempo virtuales.
3- Cuando
queremos comunicarnos telefónicamente con una persona
y no podemos porque la línea
se encuentra "saturada", esto
quiere decir que
la capacidad de
información del canal telefónico
se halla completa.
De
esta manera, se observa
que la Información entonces puede
medirse, acotarse, pasarse a
través de un canal
específico comunicante y es probabilística (ver Apéndice 1). Dicho
en otros términos, tiene
carácter de ente y
es un quantum mensurable. Así, consultando a la
bibliografía que se adjunta al final de la tesina, puede encontrarse una
expresión algorítmica de la Información:
Información
= log P -1 [Hartley]
siendo
«P» la probabilidad del suceso, símbolo, etc., y que conceptualmente dice que
ella es inversamente proporcional a la probabilidad con que ocurren los sucesos
—o se presenten los símbolos. En otras palabras, hablar de Información es
hablar de «incertidumbre» —negación de la Certidumbre.
Se volverá sobre estos conceptos más
adelante, ampliándolos.
ñ La Teoría de la Información y la Cibernética
ñ Autores que la refieren en
la mensura estética
Disponemos de una agenda
bibliográfica de trabajo algo actualizada y que trata la cuestión. Los autores
que se han conseguido están dados en el Apéndice 4. Seguidamente analizaremos
el contenido de sus obras ofreciendo un resumen. En el próximo parágrafo las
presentaremos de tal modo que podamos con ellas hacer una abstracción mínima.
Antes de abordar el tema, daremos un
breve concepto de las disciplinas que nos incumben. La primera, la Teoría de la
Información, es una disciplina acuñada por Claude E. Shannon en su artículo en
el Bell System Technical Journal que denominó A mathematical theory of communication (1948) estudiando los
soportes de la información, a saber, los símbolos que comparten y entienden dos
interlocutores. Posteriormente ha seguido esta disciplina los lineamientos de
los análisis del lenguaje de programación en computadoras, y hoy en día alude
no solamente a ello sino que extiende su área a dominios del software operativo
en discos rígidos y programas amigables del mouse.
Luego tenemos la Cibernética. Ésta
es más compleja y de una historia poco clara. Lo usual y reconocido es que ha
nacido por el bautismo de Norbert Wiener en su libro Cybernetics or control and communication in the animal and the machine
(1948) donde la explicita como «...teoría de la regulación y de la
comunicación, sea en las máquinas o en los seres vivientes, con la palabra cibernética, que construimos sobre el
griego cubernhthz,
"piloto, timonel."» En otros términos, atribuye el vocablo
cibernética a la realimentación (o retroalimentación del inglés feed-back), como función que se utilizó
en los navíos marítimos para regular o controlar la posición de la quilla del
timón en popa a través del timón manual en proa. Más tarde este término fue
orientado a la disciplina de la Teoría del Control y la Automatización de
mecanismos, y posteriormente desfigurado por la prensa sensacionalista y
cinematografía como híbrido bio-mecanicista. Se piensa que debiera volverse al
término original; o sea, que decir cibernética es decir feed-back. Al comienzo del párrafo nos hemos referido a ella como
poco clara puesto que, se entiende, tiene en realidad sus orígenes con el
término «dialéctica» presentado por Fichte en su interpretación de
tesis-antítesis-síntesis, y la realimentación toma los mismos significados, a
saber: avance-retroceso-error. Y, además, análogamente, la Cibernética aplicada
a la Teoría de la Información explicita un feed-back
de información, o sea, un ida y vuelta de enunciados proposicionales tal cual
lo usaría la dialéctica ortodoxa.
ñ Resumen de la propuesta de
los autores
ñ En cuanto a su concepción de la Estética
Se estudiará a continuación con las
fuentes bibliográficas de la agenda de trabajo la manera de hallar dos
características comunes a las mismas: primero el enunciado básico de «belleza»
según estos autores, y segundo encontrar la/las disciplina/s que se aplican. Se
procederá para ello hacer una abstracción de los mismos. Recúrrase al Apéndice
5.
Como conclusión se deduce la
siguiente proposición: «La estética
—«belleza»— como el orden de objetos físicos (signos) y de su certidumbre
informática»
ñ En cuanto a la concepción de las disciplinas que la incumben
Cumplido el primer cometido, pasamos
ahora al segundo, es decir, a la determinación de las disciplinas que estudian
la estética. En el Apéndice 6 se desarrolla el tema.
Hallamos ahora como conclusión la
siguiente proposición: «La estética se
relaciona con la Cibernética y la Teoría de la Información.»
ñ Confección de la proposición de la tesis que se estudia
Se ha logrado de esta manera
obtener, a partir de una agenda mínima bibliográfica con el estado actual de la
cuestión, hallar ambos cometidos: el contenido de los temas que tratan la
estética y las disciplinas que podrían aplicarse a su estudio. Seguidamente los
volvemos a reproducir ahora juntos en un enunciado total, proposicional y
lingüístico que expresa el objetivo del trabajo:
«Es
posible medir la percepción de la belleza estética visual en función del orden
de los objetos simbólicos que se disponen y de la certidumbre con que se
presentan, por medio de las instrumentaciones que señalan las disciplinas de la
Teoría de la Información y de la Cibernética.»
ñ El arte
ñ Introducción al arte
Es este un tema apasionante: el
arte. Hablar de él implica, como en política, «tantas verdades como corazones
humanos». Nosotros no pretenderemos esto. Buscaremos certeza en lo posible,
aunque también se sabrá que en ello «la recta es la distancia más larga entre
dos puntos». Siguiendo este fin se elige un autor que ha sido considerado culto
e informado en el arte: me refiero a Arthur Schopenhauer. No se niega que haya
habido muchos otros más, lo que ocurre es que ha sido tan claro en sus
explicaciones que parece un personaje ideal. Seguramente muchos disentirán con
esto, pero repito, ello no debiera considerarse importante, puesto que el
trabajo que se presenta es una propuesta investigativa entre tantas otras; y en
segundo lugar, creo que concuerda con los aspectos de interpretación que se
tienen y se quiere hacer llegar a ustedes.
Seguidamente se expondrá una
perspectiva de la historia del arte y acercaremos con ello una visión
compendiada del mismo, como a su vez se tratará de mostrar su significado
—decisivo dentro de este contexto. El objetivo de la misma es aplicar nuestra
tesis —que el arte es comunicación— al ejemplo de la interpretación de la
historia, es decir, de estudiar su devenir desde el mensaje artístico del
hombre en cada marco social cronológico-geográfico.
Luego, ya en tema, se verá el
contenido de la obra de arte. Reparamos en dos aspectos aquí y que son
entendidos como fundamentales: primero, en el mensaje consciente del artista
que le deja a su intérprete; y en segundo lugar, a otro subliminar que refleja
los mejores actos fallidos psicoanalíticos del autor y que se entrelazan con el
marco social-histórico en que vive. No se hablará del tema estético aquí,
porque, como se sabrá, se sostiene en este trabajo que éste es un tema fuera de
la obra de arte —aunque no necesariamente.
Para concluir se hará un símil
analógico. Se interpretará al arte como un canal de información; es decir, que
se lo conceptualizará como un medio donde pasa un fluido: el mensaje del
artista. Se reparará en las características que le otorga la Teoría de la
Información al mismo y se dejará abierto el tema para investigaciones futuras.
ñ Concepto de arte
ñ El arte en
Schopenhauer
La riqueza cultural de Arthur Schopenhauer
dejó los lineamientos de concepción del arte. Éste nos dice en su obra El mundo como Voluntad y Representación27a,28:
El principio
[...] del arte es que el objeto de éste, aquello cuya representación es el fin
del artista, y cuyo conocimiento debe, por lo tanto, preceder a su obra y
formar como el germen y el origen de ella, no es jamás otra cosa que una Idea
[...]."27a(§ 49, p. 63)
"El fin
al que el artista tiende sus obras es, [...] el de comunicar a los demás una
idea que su espíritu ha concebido; [...]."27a
(§ 50, p. 66)
"[...] El
fin propio de toda obra de arte es, por lo tanto, mostrarnos la vida y las
cosas tales como son; [...]."28 (cap. XXXIV,
p. 444)
"[...] el
fin del arte es facilitar la inteligencia de las Ideas del universo
[...]."28
(cap. XXXIV, p. 446)
"[...]
Todo hombre penetrado de la concepción de una Idea y que desea comunicarla
tiene, por lo tanto, el derecho de recurrir al arte."28 (cap. XXXIV,
p. 446)
"Según
dijimos en el primer volumen, el placer estético en todas las artes descansa
sobre la concepción de una idea [...]."28 (cap. XXXV, p.
453)
ñ Análisis de la cuestión
planteada por Schopenhauer
Si se observa detalladamente lo que
expresa Schopenhauer se entiende que lo que quiere decir es que el arte es una
vía de comunicación. Más allá de la postura filosófica de este autor, y que se
comparta o no, se sugiere detenernos frente al concepto que nos quiso dejar.
Ha sido para él el arte algo que
manifiesta un mensaje a través de un lenguaje específico y propio de cada
artista. También nos dice que porta el agrado estético; es decir, que podemos
desprender de ello que se diferencia del mismo.
Se reparará ahora en estos puntos
con más detalle. No se hará un curso de filosofía del lenguaje para expresar lo
que la comunicación significa, sólo nos basta con tener presente que estamos
hablando de «información», es decir, de procesos informáticos donde se
transcriben mensajes. Ello no puede ser algo estético sino sólo aquello que lo
puede despertar. Se encuentra con ello una vez más la dicotomía arte-estética.
De esta manera, cuando se expresa el
lingüista, la máquina, la bestia, la naturaleza con su selección natural, etc.,
se recibe siempre un mensaje, y, como tal, sujeto a posibilidades de acontecer
y por consiguiente a información —según se explicara precedentemente. Pero, se
repite, no se manifiesta en ello necesariamente ninguna estética —puesto que el
orden de sus símbolos es otro tema.
En otras palabras, si escribo una
poesía con un lenguaje entendible el cual usted y yo hablemos, podremos
comprender sus términos, aun a pesar de que los mismos, no se encuentren
semánticamente dados sino, solo
metafóricamente con una abstracción dura, y el mensaje de su contenido
podrá o no ser contenido de belleza (orden) pero sí siempre entendido.
Inclusive más, usted podrá hacer una crítica a mis escritos porque seguramente
los entenderá puesto que son mensajes que contienen información, correcta o
errónea, usted juzgará, pero no podrá acometer una crítica a su estética,
puesto que no he reparado en una habilidad literaria.
En resumidas cuentas, lo que se
quiere decir es que Schopenhauer encontró sencillamente el meollo del arte. A
saber en términos modernos: es un canal de información. La idea se transcribirá
de esta manera por medio de él al intérprete.
ñ Concepto de idea
aplicado
Ahora... ¿a qué nos referimos cuando
hablamos de idea? ¿A qué le asigna Schopenhauer el concepto de idea? Bien,
tratemos el tema.
Schopenhauer explícita claramente
dos tipos de ideas: una, la ortodoxa y por todos entendida y cuya noción se
acerca al concepto; y también, distingue la platónica —denominándola con
mayúscula «Idea». Nosotros nos referiremos a la primera, es decir, al dato que
se intelige en el entendimiento.
Se sabe que mucho se ha hablado de
este término en filosofía, y necio sería querer dar una explicación última al
efecto. Aquellas personas avezadas en filosofía sabrán de qué se trata, y, para
los otros, será suficiente con indicar dos tipos de ideas: las platónicas o
metafísicas y las aristotélicas o físicas. Y nosotros, acercándonos a esta
última, le daremos una segunda significación más, a saber: aquella que alude el
modelo de analogía de la funcionalidad mental denominada «teoría computacional
de la mente».
Esta teoría, que tiene sus orígenes
en los filósofos empiristas ingleses Hobbes y Locke, determinan a través de
autores del presente siglo como von Neuman, Shannon, Gödel y otros, un modelo
interpretativo de las operativas cerebrales y las ideas que se asocian. Hobbes
en su Leviatán17
nos dice:
"Cuando un
hombre razona, no hace otra cosa sino
concebir una suma total, por adición
de partes; o concebir un residuo, por sustracción
de una suma respecto a otra: lo cual (cuando se hace por medio de palabras)
consiste en concebir a base de la conjunción de los nombres de todas las cosas,
[...]. Porque RAZÓN, en este sentido, no es sino cómputo [...]."
y
más tarde Locke en el Ensayo Sobre el
Entendimiento Humano22 le da continuación
a este enfoque computacional, puesto que las ideas se asocian, relacionan,
etc.:
"No hay conocimiento sin discernimiento.
Otra facultad de nuestra mente, que es preciso señalar, es la facultad de
discernir o distinguir entre las varias ideas que ella tiene. [...]" (cap.
11, § 1)
"[...] Otra
operación de la mente acerca de sus ideas es la de comparar unas con otras, [...]." (cap. 11, § 4)
"§ 6. Otra
operación que podemos observar en la mente con respecto a sus ideas es la composición, por la cual la mente reúne
varias de aquellas ideas simples que ha recibido por las vías de la sensación y
de la reflexión, y las combina para formar ideas complejas. [...]" (cap.
11)
"[...] el uso de
las palabras consiste en servir de señal exterior de nuestras ideas internas,
[... a] esto se llama abstracción,
por medio de la cual las ideas tomadas de seres particulares se convierten en
representativas de todas las de la misma especie; y sus nombres se convierten
en nombres generales, [...]." (cap. 11, § 9)
"Qué sea la relación. [... Son] ideas [de
la mente] que recibe de la comparación que hace de las cosas entre sí.
[...]" (cap. 25, § 1)
Bechtel, por su parte, en su libro Filosofía de la mente06
explica el enfoque moderno. Usando sus palabras en los siguientes párrafos, nos
dice que la teoría computacional de la mente no es solamente una propuesta
filosófica especulativa, sino que responde al modelo de von Neumann y pretende
usar el formato de la actitud proposicional para describir los estados mentales
como la base para generar una explicación del pensamiento interno.
Ha sido Fodor el principal autor de
la hipótesis. Las denominadas representaciones
mentales son significadas a través de símbolos que interpretan a las
proposiciones como fenomenologías del pensamiento. Esto llevó a Fodor a dar un
enfoque exclusivamente sintáctico del pensamiento y que Putnam denominó
«solipsismo metodológico». A su vez, esta teoría computacional de la mente
representada por alguna supuesta función referencial, no explica tampoco el
mecanismo de realización de tal función.
Siguiendo, el enfoque de la Teoría
de la Información establecerá que los estados intencionales —estados internos mentales (en hombres, chimpancés y
ciertas aves) que llevan información sobre otros estados y que ofrecen cierta
capacidad a la mente de representar, percibir, comprender y aprender cosas— son
fases que llevan información sobre otras, y que responden al paradigma de
Shannon y Weaver (1949).
Por su parte, Fred Dretske (1980,
1981 y 1983) interpreta que un estado transporta información sobre otro
justamente en el grado en que depende y de acuerdo con leyes de ese otro
estado. Dretske propuso que, si hay una relación determinista y de acuerdo con
leyes de manera que yo puedo inferir de la señal que ésta tuvo una causa
particular, entonces la señal me da una información sobre la causa. Es decir, la señal es sobre la causa. En palabras de Dretske: «Cualquier sistema físico cuyos estados internos son dependientes de
acuerdo con leyes, en algún modo estadísticamente significativo, del valor de
una magnitud externa [...] cumple los requisitos de un sistema intencional.»
Al igual que Dretske y Gibson, John
Heil (1983) trató la selección de información como algo que genera causalmente
los estados mentales del sujeto gnoseológico. Sin embargo, se diferencia de
ambos al caracterizar esos estados mentales de una manera neokantiana; es
decir, al mantener que los estados mentales surgen solamente una vez que la
experiencia perceptiva se conceptualiza usando conceptos proporcionados por el
agente causal.
Se tratará de precisar los puntos
anteriores explicados por Bechtel. Disponemos de una noción, idea o dato en el
pensamiento. El mismo puede ser considerado como una unidad de cómputo
procesable, y que en el hardware informático se lo denomina byte —palabra. Dicho término es algo
meramente sintáctico dentro del software de cómputo, pero tiene una isomorfía
correspondentista con el mundo físico del hardware determinando una semántica.
De esta manera, el dato que procesa
nuestro pensamiento contiene una información. Es decir, que la idea en sí misma
contiene una cierta cantidad de información. Ellas "viajan" a través
de nuestro sistema neurofisiológico cerebral, y junto con el orden con que se
relacionan, es cuestión del tema que se trata. Así, orden e información de las
ideas, son las propiedades que en este escrito se defienden.
En cuanto al arte, solamente
reparamos en la primera —la segunda involucra la estética. El artista posee
ideas que expresa por voluntad propia consciente e involuntaria por autonomía
de su inconsciente. Ambas informan al intérprete y expresan con ello el
mensaje, es decir, el arte.
En efecto, este proceso cerebral es
al cual nos referimos cuando se dice que las ideas pasan por un canal. O, en
otros términos, que el canal es el mismo molde que faculta el proceso y estará
sujeto a todas las cuestiones propias psicológicas que un individuo puede
tener. En él se dan los dominios gnoseológicos, metafísicos, éticos,
científicos, etc. Plasma el artista, en su obra de arte, todas las cuestiones
que desea su voluntad creadora, como asimismo es puente de comunicación de todo
el abismo cultural de la época que vive y lo marca. Todas ellas son ideas, es
decir, datos. La propuesta que se hace es darle una mensura a los mismos y que,
por difícil que sea, no escapa de las posibilidades. Se quiere recalcar aquí
que quien escribe no está diciendo que somos una computadora o mecanismo
similar siquiera, sino, solamente, que nuestros modos de expresión pueden
analizarse con estas consideraciones.
Así como la informática
computacional mide la cantidad de información que regula un dominio virtual, es
posible hacer lo mismo con nuestras ideas. Cada una, configurada en la
objetividad neurológica de asociación y plasmada en la obra de arte,
representará cierta magnitud verificable. No se está refiriendo a cuestiones
metafísicas donde su objetividad es dudosa, y donde el artista las más de las
veces se expresa en modelos de analogía.
Veamos un ejemplo. Supongamos que un
artista fotográfico expresa una idea a través de la imagen de una fotografía
monocolor, y que un segundo artista literato lo hace a su modo en una prosa.
También supongamos que la definición del primer caso esté dada por unos 300.000
puntos que pueden tomar 10 niveles de brillo (del blanco al negro), y que el
segundo es dado por un locutor que tiene un vocabulario de 10.000 palabras
eligiendo 1.000 de ellas. Si recurrimos a la definición que se asume por
información dada precedentemente, hallamos para el caso de la fotografía un
mensaje de 300.000 Hartley, y para la prosa 4.000 —véase el Apéndice 8. Así,
estos números indican que la imagen del artista plástico es mayor que la del
literato, o sea, que contiene 75 veces más información. Y, si esto es o no producto
de belleza, no es tema aquí tratado —porque debiera considerarse el orden entre
sus símbolos.
En otros términos, la ilustración
precedente muestra que todo artista tiene ideas y las expresa, y asimismo,
aunque sean de diferente especie —tipo de arte— son comparables. De hecho, el
camino de la hormiga en el terreno tendrá su mensaje también tal cual una obra
de Beethoven.
Diremos entonces que los motivos que
determinan la probabilidad y por lo tanto la información, son conocidas en
filosofía como aspecto «trascendental kantiano». O, dicho de otra manera, las
«condiciones de posibilidad» filosóficas son, en la ciencia, las «causas de
probabilidad».
ñ El arte en la historia
ñ Su significado
Se hubiera preferido ser un
especialista en el arte para argumentar de otra manera lo que se propone.
A lo largo de algunas observaciones
de pinturas, esculturas, arquitecturas y mecanismos fabricados por el hombre,
se ha arribado a ciertas conclusiones que quisiera compartir con ustedes. Son
ejemplos de las primeras, aquellas representaciones de tiempo expresadas con
características espaciales en algunos cuadros, y donde el artista acomete su
significación temporal a través del pincel. No menos llamativas son las
esculturas del arte clásico con sus ojos "idos" sin mostrar atención
y reflejando una volátil inexpresabilidad del alma, es decir, como que el
"estar" y el "no-estar" corren por igual. Sabemos bien el reflejo
eclesiástico representado en las arquitecturas del arte gótico, con sus
majestuosos edificios impregnados de la más lúgubre y lujuriosa fantasía de la
Iglesia. No menos son las significaciones contemporáneas de los diseñadores de
automóviles que buscan participar de la fachada del mismo, tal cual la
correspondencia biológica: faros y parrilla como la faz de un sujeto (cierta
imitación).
En fin, sería innumerable la
descripción. Pero en lo que sí, y se quiere hacer hincapié, es que en todo esto
que el hombre ha reflejado y refleja, hay un mensaje de algo; es decir, que
contiene una información —excenta o no de juicio de gusto.
Siempre que hay un símbolo, éste
esconde una significación, una referencia correspondentista con el mundo o no,
pero sí siempre un dato. Hay, en cada símbolo y sus combinaciones, entonces,
una significación informática que contiene un mensaje. Determina esto lo que
justificamos: el arte.
Al igual que el sinuoso camino de la
hormiga, hay en la naturaleza un sinnúmero de mensajes artísticos que harían de
todos ellos un número infinito de interpretaciones, cosa que es imposible
abordar.
Empero, junto a los más osados, nos atreveremos a indagar en ella un
poco, al menos. ¿Cuáles son sus características? ¿A qué nos referimos al hablar
del arte?... Son preguntas sin fin, que no han dado en la historia sino
confusas significaciones. Para entenderlas se les propondrá un método a
realizar: analizar en qué consisten las obras de arte humanas y qué simbolizan.
Destacaremos en ella dos aspectos de
estudio. El primero consiste en el trabajo en sí del artista, y el segundo en
un subliminar inconsciente de expresabilidad de toda una sociedad donde éste
habita. Él transmite los gustos y disgustos del medio porque está comprometido
con su lugar y su tiempo. Con este criterio muchos han clasificado la historia
del arte.
Desde el clasicismo antiguo de
Grecia y Roma en lo equilibrado de sus formas, pasando luego por el arte
cristiano y entrando en el medioevo —no sin influencias islámicas—, lo románico
y gótico anuncian la nueva era: la modernidad renacentista. Países europeos
como Alemania, Francia, Italia, España, Inglaterra y la escandinava, dominan la
hegemonía artística del período. Hay una fuerte reacción al totalitarismo
eclesiástico, donde la irracionalidad habría sido el pivote de oscuras e
insufribles injusticias.
Estamos ya en los albores del siglo
XIV. Un movimiento del renacimiento temprano toma lugar en Italia y se extiende
hacia Alemania, España y Bélgica. Fuentes latinas y romanas expresan el arte de
toda una cultura que se quiere olvidar. Será menester reparar esto con la
«justicia de la razón». Surgirán por ello en los períodos 1300-1500 ideales
matemáticos como expresiones sociales del arte, antropomorfismos que solicitan
lo humanístico, aparecerán también las pretensiones de las magnanimidades de lo
«sublime», del amor por la gloria y el honor caballeresco, como asimismo la
figura del «genio».
Una vez asentada la seguridad del
olvido medieval, aparecerá entonces una primavera floreciente en Europa: el
alto renacimiento, «alto» tanto en su belleza y expresión de trabajo, como por
anunciar su última faceta post-renacentista y que culminará hacia fines del
1600. Es éste, como se dijera, un período de estabilidad y seguridad para
muchos, es decir, para los que expresan el arte y lo mandan ejecutar. Es el
período de los grandes feudos. Así, con ello lo aristocrático es exaltado y hay
búsqueda de un orden ideal, se observa serenidad en lo que expresan las obras,
y no ajenos son los sentimientos de confianza y autorrealización. Saltar la
medievalidad es su destino. Hay reproducción de lo antiguo, pero no descansa el
sesgo de lo «racional» implicado como un acento en la madurez y en la búsqueda
todo armónica de las proporciones.
Empero, como se dijera
precedentemente, esto cae. Resucita el gótico medieval —espíritu bárbaro e
incivilizado— como fuente del barroco y hay un sentimiento de miedo a la vuelta
medieval. Hablamos de un nuevo período: el realismo. En esta imitación fiel de
la naturaleza que surge a comienzos del 1600 en Italia, se extiende un barroco
hacia Alemania, Francia y España, como intento de vuelta a lo seguro, es decir,
de un retorno al clasicismo.
Esta especie de prototípica de la
arquitectura eclesiástica romana jesuítica, el barroco (1600-1770), y término
que se deriva del portugués «baroco»
con que se designa cierta clase de perlas ovaladas y de formas irregulares
denominadas «barruecas», manifiesta,
a mi entender, una confusión social. Siendo una exageración de las formas y de
los elementos decorativos, expresa un arte del devenir. Habla de lo
eclesiástico como contraste de lo gubernamental civil, y se orienta más a la
imaginación que a la «razón», aunque tampoco se pierde aquí el ideal de un
orden cognoscible que otorga la geometría y la certeza matemática. En este
movimiento Francia no es ajena e inventa el rococó. La dinastía de los Luises
atiende este arte en al período 1715-1774, y se extiende a Alemania. Se ve, en
esta dispersión, un nuevo quiebre. Una nuevo amanecer en la historia del arte,
y donde abrazará su mañana el despertar de la nueva filosofía de la razón.
El romanticismo (1750-1870) no es un
movimiento ni ingenuo ni utópico. Es un estado de ánimo. Centrado en Alemania y
luego esparcido nada menos que por toda Europa y América, consistió en un
espíritu cristiano y nacional, donde el subjetivismo de la fantasía valoriza la
edad medieval y, en consecuencia, se enemiga del clasicismo. Es de esperar que
con ello la sociedad europea se subleve y, a mi entender, se oriente a una
nueva forma de éste: el neoclasicismo (1780-1840).
Es este tema de la «justicia de la
razón» de la escisión medieval lo que preocupa. El punto medio aristotélico
aquí es mirado desde otra perspectiva. No será la phronesis la capacidad de la facultad del juicio que se transmita
como una techné. Fue justamente la
falta de ello —o bien la falta del sentido común cartesiano— la necedad de lo
eclesiástico medieval. Esta capacidad no se aprende: se tiene y punto. Este
iluminar del particular es algo dado en el hombre. Nos referimos a la facultad
del «juicio». Necesitará lo social aquél punto
medio que tenga justicia dado como lo equitativo, legal y racional que
excluirá los abusos extremos. La deontología kantiana, por ejemplo, es fruto de
una época racional que acompañará al sustrato aristotélico del alma racional
calculadora, versus las aberraciones animalescas de lo irracional que ofrece el
apetito y sus inclinaciones. Es decir, no extraña que este autor, avezado en
las polis griegas, haya pretendido un
ideal político social con fuentes similares, y no solamente apego a un mero
escapismo del ahogo medieval. Aun su crítica en la facultad de juzgar tiene
sesgos de la ortodoxa helénica, puesto que hay un singular paralelismo de su
doctrina tripartita de las facultades humanas con las que distinguiera
Aristóteles: sensación, entendimiento y apetito, como lo es también el acto moral en cuanto se lo considera
como fin en sí mismo, y a la moral como lo práctico.
Será entonces el arte el "acto
fallido" que expresará el anhelo de superación del medioevo. Esa igualdad
buscada por los pensadores liberales sabemos que se sustenta en una
constitución civil, republicana, que deberá tener principios encarnando el
equilibrio de los poderes, determinando en ello el fundamento de la libertad y
no necesariamente de la felicidad racional.
Luego la confusión por los ideales
de la organización política, la desconfianza y desvalorización de la razón que
caracterizó los comienzos del siglo pasado convocaron al eclecticismo
(1840-1900). La nueva realidad social europea acuña el realismo artístico, el
naturalismo, el impresionismo y el expresionismo. Son todas formas de lo mismo,
de una mezcla de miradas al mundo y su naturaleza. Aun posteriormente y ya a
comienzo del presente siglo, las ideologías también tendrán su fruto en las
obras del idealismo político, el simbolismo y los modernos.
¿Qué se concluye de todo esto?
Solamente una cosa, a saber, que el hombre, tal cual la hormiga, va día a día
marcando su camino sinuoso por el terreno. Va expresando lo que siente, lo que
le parece, lo que... en fin, se le ha dado como meta y vive. Será por ello que
el arte, ajeno a su condición tecnocrática, es una comunicación, es una
expresión de algo... de la vida misma que se vive y ve. ¿Ha hecho Julio Verne
un arte?, ¿lo ha hecho también el hornero artesano?, ¿acaso es menos
comunicativo el árbol que verdece porque quiere vivir, o agota su esplendor en
las flores de primavera? Ni horrendos crímenes de la historia política
absolutista nos han marcado menos. Todo, pero todo, es información... sea
lindo, sea feo, todo y todos nos comunican algo. ¿Hay algo que no es arte?
Incluso lo somos nosotros para nosotros mismos; y la nada y el silencio, para
muchos, es habla.
ñ Análisis filosófico
A lo largo de la historia humana
encontramos un arte, dirá el cuño historicista académico. Lo que se propone es
invertir la proposición: «a lo largo del arte humano encontramos la historia».
Todo arte mirado con ojos exentos de
estética, esto es, sin necesidad —y mejor aún— de calificarlo bello o feo, nos
muestra una comunicación del autor, y éste, a su vez, un reflejo del marco
social-histórico en que vive. Así, por carácter transitivo, basta con un
análisis del arte humano para que nos demos cuenta de sus contenidos
arqueológicos. Siempre son un mensaje a través de un canal que es el artista.
Tampoco se habla aquí de teleología,
de genio, de categorías, ni de ninguna otra especie filosófica. Sólo se arguye
que el arte del artista es un mensaje, un mensaje de algo, y que este artista
puede ser humano o no, aun mecanicista y más todavía, a saber, puede ser la
misma naturaleza para muchos vitalistas.
ñ¿Hay arte de lo
metafísico?
Aquí encontramos un problema o aporía de Nicolás Hartmann. Querer
expresar en una obra de arte lo trascendente es un imposible —al menos hasta el
momento. El límite de cognoscibilidad de lo «trascendente» kantiano, del
«patio» gnoseológico hartmanniano, de
lo «pensable» wittgensteiniano, etc., son consideraciones más que
evidentes del tema. Querer hablar sobre lo inefable es una contradicción, y que
de suyo se muestra en el siguiente análisis que haremos del lenguaje. La única
diferencia entre este análisis del lenguaje y lo que esperamos de imposible en
el artista cambia por el sólo hecho de que, entre un artista lingüístico
(literato, que se expresa escribiendo; v.g.: poetas, hermenéuticos, etc.) a
otro que no lo es (v.g.: escultor plástico, pintor, etc.), se diferencian en el
tipo de símbolo usado para expresarse. Por eso, lo que se dirá seguidamente
podrá extenderse a la obra de arte en general.
Nuestra tesis consiste en sostener
que las ordenaciones computables se sustentan en una problemática kantiana. Los
símbolos —letras— de cada lenguaje se hallan estadísticamente
"contabilizados" y se determinan en cada idioma con una probabilidad
de ocurrencia para cada proposición. Así, por ejemplo, antes de cierta
consonante, es más probable que aparezca una vocal determinada o no, y así sucesivamente.
Se logra implementar de esta manera al vocablo, luego se suman los espacios
vacíos y con ello la proposición final. Se da, de esta manera, una «condición
de probabilidad del lenguaje», es
decir, que se da cabida al mérito de cuantificar la posibilidad como probabilidad
. Por esto, un análisis del lenguaje en cualquier dominio histórico puede
ser algún día determinado y estudiado bajo las consideraciones de estas
perspectivas, y donde, la gran tecnología contemporánea permitirá su desarrollo
debido a la velocidad de sus procesos computables.
Así, entrando en tema, se observa
que el pensamiento y su lenguaje puede ser comprendido en un esquema de
analogía si pensamos en un ordenador computacional. Este mecanismo procesa
unidades de información denominadas bytes (o palabras) que representan datos del mundo exterior —tal cual la isomorfía Wittgenstein30.
Se las envía acá y allá dentro del propio sistema ordenador; se las acomoda, se
las fracciona, etc. —como pensaran Hobbes y Locke—, y todo esto bajo la
directriz de un controlador que le va indicando el momento ("hora")
de hacerlo. A este controlador horario se lo denomina clock. Así, los actos del pensamiento son entendidos como procesos
ordenadores de una inteligencia artificial que, momento a momento, se
configuran en estados gobernados por
este clock. Con respecto a la
metafísica, a las abstracticidades «sinsentido» y a Dios mismo, el conocimiento
debiera entonces poder pasar —canalización de un mensaje— por esta
interpretación del proceso informático del pensar. A tal punto que, en las
pruebas ontológicas de la existencia de Dios, previamente citadas por
Avicena-Anselmo-Descartes (ver Apéndice 9) se muestra un fenómeno digno de
análisis: la problemática de la
autoaplicabilidad de los sistemas computables.
Gödel, Church, Türing y otros,
matemáticos y contemporáneos de principios de este siglo, trabajaron en
demostrar que un mecanismo ordenador —computadora— puede procesar datos
numéricos —primer orden informático—,
como también a su propio esquema formal
autoaplicándose —es decir, que puede procesar un segundo orden informático: el de sus propias órdenes y comandos—,
pero lo que no puede hacer es procesar su propio esquema de proceso de esquema
formal —es decir, no puede procesar un tercer
orden informático—. A tal punto, que si "intentara" hacerlo, la
máquina entraría en un evento cíclico vicioso —es decir, los datos procesados
"viajarían" dentro del proceso y no se detendrían nunca.
Por ello Avicena-Anselmo-Descartes
al querer pensar con su finitud
—datos finitos pertenecientes al primer orden— las cuestiones de la infinitud —datos de infinitud
pertenecientes al tercer orden—, no lo logran, y será por eso que deben
reconocer que el fundamento del conocimiento de su finitud se encuentra dado
sólo en su primer orden, aunque se
vería que la garantía de la verdad cartesiana se encuentra en la infinitud del
tercero del pensamiento. Por eso para llegar al conocimiento lingüístico del
concepto analógico medieval de Dios y el mundo, debe pasarse necesariamente por
el siguiente camino: pensamientos del 1º y 2º orden ®
3º orden ® confirmación del 1º orden.
Veamos mejor todo esto. Avicena09
nos habla de posibilidad, es decir,
del dominio agradual de la probabilidad.
En segundo lugar, también nos habla de la negación de un fin-final en la naturaleza, tal cual la exégesis kantiana. Tercero,
encontramos que su enfoque biológico no se diferencia del mecanicista por
cuanto piensa que un organismo no puede producirse a sí mismo, sino que hay
aporte en su esencia de algo externo. Estos tres puntos observados hacen
correspondencia a un paradigma de cómputo mecanicista. El primero, por cuanto
considera cuantificaciones de la probabilidad; el segundo, por cuanto se
orienta a consideraciones de efecto a causa sin final cognoscible; y tercero,
porque su mira se orienta a una evolutiva de progreso positivista que es dada
por un agente exterior. Dicho en otras palabras, se observa en este autor que
utiliza un lenguaje gnoseológico que se sustenta en probabilidades, causalidades
y autodesarrollo provisto por el exterior,
como el que se infiere dado en una máquina no biológica.
Por otra parte tenemos a Anselmo03.
Él nos habla de cuantificaciones de la información que tenemos, de cómo es
posible o no superarla, y de que se halla con seguridad en nuestro interior. En
segundo lugar, nos expresa la factibilidad de una isomorfía de estos datos con
el mundo real. Y tercero, arriba a la conclusión que este conocimiento
informático debe responder como efecto de una causa necesariamente. Entonces,
en miras de nuestra analogía cibernética, observamos que, correspondientemente,
Anselmo está expresando lo siguiente: primero, que el individuo procesa
unidades de información del tipo
computables, puesto que a la información se la define como una cuantificación
de la probabilidad; segundo, que hay una correspondencia entre estos datos del
dominio virtual con el del real tal cual la isomorfía de los periféricos de los sistemas computables;
y tercero, que esta información fluye por canales
tal cual la causalidad de la
información de datos en un ordenador. En suma, se encuentra en este autor que
sostiene que el pensamiento posee probabilidad,
que es información y atraviesa canales causales, tal cual se infiere de
una máquina computable. En otras palabras, nos dice Anselmo que lo infinito ya
se halla en la entendibilidad del pensamiento el cual se autoaplica con la
ayuda divina —véase el Apéndice 10.
Dicho de otra manera, lo que se
quiere decir es que si nuestro lenguaje es interpretado como proceso de cómputo
cerebral, es, por consiguiente, de orden finito
(1º orden de la formalidad del lenguaje). Luego, para poder procesarse a sí
mismo (2º orden de la formalidad del lenguaje o metalenguaje) podrá hacerlo sin
inconvenientes ya que manejará datos siempre finitos también. Pero, para poder
operar con un esquema «formal de la formalidad» (3º orden o meta-metalenguaje)
deberá estar capacitado para procesar datos con categoría de infinitud. Esto último sabemos que no es
posible en los sistemas mecanicistas, y que consiste en la propuesta de Gödel,
Church y otros anteriormente mencionados.
En efecto, será menester para entrar
en el dominio del lenguaje de la teología, un sistema ontológico «más» que
mecanicista —holismo de la Gestalt—,
es decir, de aquél que lo contemple pero que tenga, a su vez, una dimensión en
el dominio de lo «divino».Y es a esto donde se entiende ha apuntado el lenguaje
de la prueba ontológica de Anselmo.
Ahora bien: ¿qué se ha querido decir
con todo esto?... pues bien, dos cosas, y son: primero, que el arte del artista
metafísico sólo podrá plasmar una comunicación inteligible, es decir una idea,
que no es otra cosa que la objetivación de lo trascendente y, por ende,
desvirtuada de la cosa en sí
pretendida; y segundo, que cuya inspiración solamente será plausible por la
"ayuda" del dominio metafísico pero que, al configurarse en la
realidad no-trascendente, pierde significación. Y es esto a lo que se refirió
Schopenhauer cuando distinguió dos tipos de arte: el griego y el hindú —recurrir
al Apéndice 11.
ñ Fundamentaciones psicológicas del arte
ñ El consciente
Se interpretará el vocablo referido
al consciente de la fisiología. A aquél estado neurofisiológico detectado por
los ritmos que acusa un equipo electromédico electroencefalográfico moderno.
Éstas señales muestran la actividad de cobertura espacial de nuestro cerebro;
es decir, de aquella capa neural que se acomoda en la vida pendiendo de sus
actividades internas inconscientes y de asociación consciente. No vamos a hacer
una descripción psico-biolologista por no ser especialistas en el tema, sino
que sólo recurriremos a esta interpretación y la relacionaremos con los
lineamientos generales del psicoanálisis.
En
suma, hay una actividad que «nos pertenece» y es la conciencia, por cuyo medio
apercibimos la objetividad del mundo y tenemos la capacidad reflexiva. La otra,
el inconsciente, aun tenemos dudas de ello y cuando menos de las veces nos
sorprende tanto que algunos la niegan como exclusivamente propia.
Acerquemos estos conceptos al
artista. Él objetiviza y, por ende, debe utilizar en sus plasmaciones la
conciencia —función o actividad del consciente. Mostrará en sus trabajos
aquello que ha percibido por sus sentidos o ha elaborado en su imaginación,
pero ambos elementos son conscientes. No hay nada en ello que parezca extraño.
Todo es claro y comprensible.
Desde el niño al adulto artista
esbozan sus pinturas, escritos y esculturas con ideas que le sugieren lo
vivido. Modela el pequeño con sus dedos llenos de arcilla el muñeco de su
preferencia, o dibuja en su cuaderno de escuela a papá, mamá y hermanos que
viven en casa y nadie duda de ello: se expresa conscientemente. El artesano
también lo hace con sus fantasías y baratijas; y no menos de las veces, el
músico remite la letra de su canción como mensaje dirigida a su amada. Todo es
comunicación de las objetivaciones.
ñ El mensaje subliminar
Empero a los párrafos anteriores
habría que agregarle algo, a saber, aquello que no le es consciente al artista.
Nos referimos a las plasmaciones inconscientes psicológicas y biológicas que se
manifiestan en cada actividad consciente.
Así, el niño de la escuela podría
dar prioridad a su papá o mamá agrandando uno de los dibujos según su
preferencia, o bien el artesano esculpir sus piezas con alguna orientación
sexual, o bien el músico dar importancia a alguna de las cualidades de su
amada. Pero todas ellas sin ser conscientes, es decir, sin darse cuenta.
Si bien este es un punto importante
e interesante, hay otro que lo complementa. Consiste ello en la pragmática
interpretativa del receptor del objeto artístico. Se quiere decir con ello a la
aprehensión del que capta la obra. Es éste un tema destacado en la culminación
de la intención del artista, puesto que siempre lo que hace lo hace para algún
intérprete, que puede ser otra persona, sí mismo o aun divinidades. Podría
incluso extenderse la cuestión a receptores mecanicistas, pero no se quiere en
este escrito ahondar el tema por su complejidad.
Siempre está lo inconsciente y no
podemos escaparnos de él. Será la afinidad del consciente del intérprete aquél
que podrá o no dilucidar la sutileza del inconsciente del artista.
Por ejemplo, en la estatua "La
piedad" —escultura que muestra al joven Cristo en brazos de la madre
María— se observa que ambos personajes tienen aproximadamente la misma edad, y
donde se presupone que su autor, inconscientemente, quiso expresar al consciente
del intérprete —usted y yo— que si bien reposa en su lecho de faldas Cristo
adulto y sacrificado, la poca edad de María muestra que en estas cuestiones
éticas no hay temporalidad. ¿Qué otra mejor manera de expresar lo metafísico? O
bien en aquellos cuadros medievales que expresan actividades cotidianas de
sujetos y explicitan en el fondo o al costado de las pinturas sutiles mensajes
eclesiásticos, son la prototípica de las mejores propagandas cléricas
subliminares.
Impacta el contraste que se descubre
al comparar los sitios web de los EE. UU. con los de Rusia. En los primeros
todo es algaravía y colorido, donde "nadie" reconoce sino para sí una
sonrisa de lado a lado en sus orejas. Por el contrario, las fachadas edilicias
asiáticas juegan con la pesadumbrez de la seriedad de las corbatas de sus
ciudadanos que, serios y sobrios, incluso muestran fuentes tipográficas del
mejor estilo medieval.
También siempre llamó la atención a
quien les escribe una obra de arte galardonada con el mejor premio en una
exposición europea, en que el artista presentaba la simpleza de un banco de
cuatro patas con una rueda de bicicleta encima. Si bien la obra entendemos que
es excenta de belleza, se entenderá por nuestras explicaciones que ello no
preocupaba. Sino lo que inquietaba profundamente era ver en qué consistía su
mensaje... qué era lo que semejante autor estaba transmitiendo. Y, finalmente,
se llegó a entender (creemos), y sorprendió: estaba preguntando ¿cuánto dinero
era uno capaz de pagar para ir a ver su obra? por cuanto que tenía seguramente
desempleo y familia que mantener. En fin, todo es un canal de información.
ñ La obra de arte
Hasta el momento hemos distinguido
tres temas que debieran unirse en lo que se ha llamado «obra de arte»: un arte
consciente, otro inconsciente, y si es estético, mejor todavía.
¿Qué es lo que se está diciendo?...
sencillo, que para que una obra tenga la característica de arte supremo y
realmente sea considerada a lo largo de la perpetuidad, deberá presentar las
objetividades conscientes añadiendo a ellas una comunicación subliminar de
algún tema, igual o diferente, y que, además, si es muy bella o rotundamente
fea, mejor.
Pues la vida está llena de
extraordinarios estetas que manifiestan obras con una belleza sublime, no menos
de otros que expresan mensajes majestuosos, pero no perduran. Sólo pocos, y muy
menos de ellos, son los que, juntando ambas cualidades, logran plasmar un
subliminar por añadidura. Es a éstos últimos los que se la historia les debe
las verdaderas obras de arte —tanto en plástica, pintura, arquitectura, poesía,
música, etc.
¿Alguien se ha preguntado porqué los
dibujos de escuela de los niños impactan tanto a sus padres?... La respuesta se
entiende es dada porque cada niño, formado con un habitat común con sus
congéneres, logra plasmar una comunicación clara y directa, embebiendo su obra
en una inocencia subliminar de los temas ingenuos típicos de su temprana edad.
Aunque sean feos, es decir, aunque se vea que el propio hijo de uno no sabe dibujar,
uno se responde a sí mismo: «pero qué expresivo es». Supo así el niño presentar
en un bosquejo todo aquello que lo relaciona con su familia y, además, orientó
su obra a intereses que no supo darse cuenta. Entonces, tal padre o tal madre,
guarda en un cajón de recuerdos a perpetuidad la obrita... aunque sea fea.
ñ El canal de información
ñ Concepto de canal
Se cambiará de tema. Hablaremos de
lo que se entiende en la Teoría de la Información por «canal». Es éste un
concepto que implica un vehículo de transporte, una vía por donde se traslada
una carga: la información. Por consiguiente, dispone de una categoría causal,
es decir, donde existirá una información de entrada o causa, y otra de salida o
efecto. Es como un "tubo". Cuatro son las características dominantes
en todo canal informático: su ancho, su capacidad, su equivocación y su
codificación. Veremos cada una.
La primera, el «ancho de banda», se
refiere a un factor de mérito del sistema que tendrá en cuenta la pureza con
que podrá transmitir el mensaje. Inherente al mismo, explicita su idea la
velocidad con que puede transmitir datos al intérprete. Se diferencia de ella
la segunda, es decir su «capacidad de información» como la facultad de
transmitir un quantum de carga de
mensajería disponible. En suma, la primera sugiere la velocidad de transportar
la segunda. Ambas son, en efecto, conceptos aplicables a la sustancialidad
«material» de la información. La tercera, la «equivocación de un canal», hace
referencia a un aspecto «formal» de la información. Indica la aptitud de
interferencia que disponga el mismo y, siendo por ello un factor de demérito,
se la tiene en cuenta como facultad distorsionadora del mensaje transceptualizado. Por último, la «codificación del mensaje»
alude a la manera o tipología con que se caracteriza el canal para transmitir
un dato según la codificación que se use.
Por ejemplo, entre usted y yo ahora,
sin más, hay un canal informático. Éste posee una capacidad dada por la
cantidad de palabras que son transmitidas; posee también un ancho de banda
debido a la velocidad que entre ambos nos comuniquemos esos términos; también
tendrá una equivocación posible como fruto del incorrecto tipeo o mala impresión.
Por último, también posee este canal una codificación previa, que es el
lenguaje español.
Nos detendremos un momento para
aclarar un punto que puede prestar a confusión. El tema presente de «canal» y
sus características no es una cuestión que deba
necesariamente proponerse todo artista, sino que solamente se dan de suyo. Así con ello, toda obra artística —es decir, toda
comunicación de información— debe transcurrir sobre un canal. Desde el papel de
carta de dos enamorados, hasta la centésimocuarta pajilla en el nido de un
gorrión hay arte, y en él, siempre un canal que transporta mensajes. Siempre
que hay dos, hay comunicación, y las reglas de la semiótica abrazan su
posibilidad.
ñ La entropía en el
arte
Hablar de canal informático es
hablar de transmisión de «condiciones de posibilidad» como se explicara
anteriormente. En toda comunicación siempre está la «esperanza» de muchos
mensajes transmitidos estadísticamente
independientes. Por ejemplo, el pintor sabe que su acuarela contendrá
solamente seis matices junto con el blanco y el negro; si quiere presentar un
marrón claro deberá ingeniarse combinando los anteriores —el marrón no es un
matiz, como tampoco su brillo y claridad. Entonces, ¿qué es lo que ocurre
aquí?, ocurre que hay solamente una «esperanza» de ocho "colores"
para definir un mensaje cromático, o, en otras palabras, que hay una «entropía»
—desorden— de ocho símbolos posibles para definir una información.
De hecho se define conceptualmente
la entropía como un «desorden» —aunque etimológicamente deriva del griego como
«evolución». Pero tengamos en cuenta que no estamos hablando de una rama de la
física, más precisamente de la termodinámica, sino de otro dominio que es la
informática. Entonces, ¿qué estamos diciendo?... bien, es que seguramente este
sea para usted un concepto nuevo. La entropía es una propiedad de la naturaleza
que se expresa en ambos dominios: el físico y el informático, y, como cosa
curiosa, en ambos de una manera matemáticamente similar. Son equiparables.
Ambos determinan la probabilidad del fenómeno, uno lo hace en el dominio físico
y el otro en la fenomenología virtual informática... Sé que esto es nuevo para
muchos de ustedes, sepan disculparme. Los pioneros en el tema han sido L. Brillouin
(Science and Information Theory, New
York, Academic Press Inc., 1956) y E. T. Jaynes (A Note on Unique Decipherability, IRE Trans. Inform. Theory, vol.
5, September 1959, pp. 98-102).
Desgraciadamente es muy difícil abordar estos temas desde el
lenguaje. Por ello, les pido tengan la mayor paciencia y buena voluntad. Un
estudio más convincente sé que determinaría algoritmos matemáticos que se
escaparían de los estudios filosóficos.
Repitamos la idea pero aplicada al
arte. Se tiene un artista y sus ideas posibles, que son su esperanza o entropía
a plasmar; luego expresa sólo algunas de ellas dejando en la objetivación un
asombro para el intérprete, y donde se ha denominado a la medida de su
incertidumbre: información. Así, con todo ello, el artista ha logrado
transceptualizar un mensaje a su intérprete, y lo ha logrado a través de un
canal. Entendido esto, usted y yo logramos hablar un idioma en común y
«jugamos» el mismo lenguaje.
De hecho, la psicología
contemporánea trabaja con esto. Son ejemplos los test de chequeo de las láminas
Royal, o bien de las experiencias de la Gestalt.
Parten de una entropía informática, es decir, de multitud de imágenes posibles
a diferenciar y es el sujeto quien interpretará una o varias de ellas.
ñ Posibilidad de medir el arte
Precedentemente se ha dado el
concepto de canal. Por otro lado sabemos que éste sería, según nuestra tesis,
la manera de interpretar el arte. Así que nos queda, finalmente, ofrecer las
propiedades medibles del primero para que, de alguna manera, se esté haciendo
lo mismo con el segundo.
A diferencia del mensaje artístico,
lo que se quiere medir, repito, es cómo dicho mensaje se desplaza a través de
un canal. Un modelo de analogía aclarará lo que se quiere decir. Supongamos que
se dispone de un amplificador electrónico y su respectivo micrófono; luego,
sencillamente se habla por él y la voz sale por el parlante. Aquí yace un
mensaje a través de un canal. Este canal puede decirse que es el amplificador y
el mensaje la información del locutor que se expresa. De esta manera estamos
viendo que el canal es como una cañería de agua por el cual se desplaza el
fluido; es decir, una cosa es la cañería de transporte y otra el elemento
transportado. Respectivamente, canal e información son los conceptos que
tenemos que tener presente; el primero, como analogía del arte, y el segundo,
como del mensaje artístico.
Ciertamente nuestro símil
electrónico precedente indicaría que si queremos determinar las propiedades del
amplificador deberíamos saber su amplificación, su respuesta espectral y su
distorsión. Para el símil hidráulico, bastaría con conocer el diámetro y
longitud de la cañería. Y, para nuestro cometido, un canal informático, se han
dicho que serían fundamentalmente tres cosas: la capacidad, el ancho y la
equivocación —que son correspondientemente las mismas que para el símil
electrónico, sólo que para éste el fluido es eléctrico y para el canal es
informático.
Para aquellos lectores
familiarizados en la informática de las computadoras, les será más comprensible
los términos si los relacionamos con las magnitudes que en esta disciplina se
usan. Así, la magnitud de la capacidad y de la equivocación es el «bit» («1
bit» comunicacional es igual a «0,301 Hartley» —véase el Apéndice 1) y la del
ancho el «baudio» («bit / segundo»).
Las argumentaciones precedentes se
refieren, en síntesis, a poder observar al artista desde cuatro puntos de
vista: el primero, que consiste en tener la capacidad de disipar y anular toda
estética de la obra que haya hecho —sea linda, sea fea, no interesa. El segundo
nos introduce a las tres categorías explicadas recién y que se unen en una
sola: el mensaje que quiere expresar (comunicar) el artista. Dicha información
entonces es la que debemos medir para que, por sus respuestas empíricas, veamos
el meollo de sus posibilidades comunicativas —el canal que hace uso y le es
propio. A mayor información que transmita deviene entonces una mayor capacidad
de canal, a mayor velocidad (ancho de banda) con que transmita también otorgará
un mérito de canal, y a mayor taza de equivocaciones aumentará su demérito. Es,
en síntesis y de esta manera, que dicho trinomio define el canal; es decir, que
hace propio al arte del artista por el cual lo entendemos.
A continuación introduciremos un
posible método para realizar las mensuras del canal. Lo aplicaremos con
exclusividad a una persona —individuo o grupo de ellos. El mismo se sustentará
en los criterios que se utilizan en la electrónica de las comunicaciones, y no
pretende
en
absoluto tener la última palabra al respecto.
En cuanto a la medida de la
capacidad que tenga, debiera poder cuantificarse la información de salida del
mismo (efecto) y la de su entrada (causa). De esta manera, su cociente, es
decir la información de salida dividida por la de la entrada nos determinará la
ley causal del canal o capacidad buscada. Ahora bien, usted se preguntará
seguramente cómo ponderamos estas informaciones. Bueno para ello recurriremos a
las definiciones y conceptos que se dan en el Apéndice 1. Aquí, los símbolos
que harán la obra artística poseerán cada uno de ellos una cierta probabilidad
de aparecer —v.g.: en la Arquitectura se esperará o no determinadas columnas,
aleros, etc.; en Música ocurrirá lo mismo con los acordes, estribillos, etc.; y
así sucesivamente. Su conjunto ofrecerá una esperanza de recibirlos (entropía),
y, una vez plasmada la obra, serán algunos de ellos los que figurarán
determinando otro nuevo valor medio. Su cociente es al que nos referimos. Pero,
en realidad, al trabajar con magnitudes de información, estamos operando con
aritméticas logarítmicas de la probabilidad y, como será conocido el tema por
aquellos formados en matemática, debemos para ser específicos y hablar con
propiedad, no dividir sino restar estas magnitudes. Así, a este especie de
cociente en la Teoría de la Información se lo entiende como «información mutua»
(Abramson01a).
En lo que respecta a la medida del
ancho de banda, es más adecuado por practicidad correlativizar su concepto a la
velocidad máxima con que se pueden transmitir los mensajes. Para ello se
podría, por ejemplo, experimentar una cierta entropía de símbolos disponibles y
lo que demora el artista en plasmarlo en su obra. Debiera seguidamente este
efecto repetirse varias veces hasta determinar una velocidad media de su
creatividad.
La medida de la equivocación que
tenga el artista también se aconseja encontrarla como valor medio de distintas
experiencias. Para determinar empíricamente la definición de una equivocación
informática, puede recurrirse a la argumentación dada en el Apéndice 1.
Así, finalmente, tenemos tres
factores que hacen a la propiedad del arte en el artista; es decir, de la
posibilidad con que exprese su mensaje y llegue al intérprete. Cómo los
aplicamos y cómo los mensuramos será el desafío. Personalmente me conformo con
haber podido dejar los lineamientos generales o categorías que determinan al
arte según se entiende en esta tesina, aunque no descarto que me hubiera
gustado ser completo y poder entregar además —como sí lo he hecho con la
estética— una mensura empírica.
ñ Apéndices
ñ Apéndice 1 (medida de la «información»)
Sea un cuadro a medir su belleza.
Poseerá n objetos (símbolos) que se presentan
de N disponibles, y tendrán cada uno cierta probabilidad Pi de aparecer
tal que (puede considerarse que el "marco" de fondo también sea un
objeto):
SN
Pi = 1
y
con ello, para una fuente de objetos estadísticamente independientes (fuente de
memoria nula) (Véase la figura):
Ii = log 10 Pi -1 =
log Pi -1 [ Hartley = H ]

Para n » 1 objetos presentados será
entonces la información total del mensaje
I = Sn Ii
la
información media de la fuente
I med f = N. SN
Pi.Ii [ H ]
la
entropía de la fuente (que es también la esperanza matemática de I: M (
I ))
0 £ H f [ H/objeto ] = M ( I ) = I med
f / N = SN
Pi.Ii £ log N
la información
media del mensaje
I med
= n. Sn
Pi.Ii [ H ]
y
la entropía del mensaje
0 £ H = I
med / n =
Sn
Pi.Ii = Sn
Pi. log Pi -1 £ log N
Definimos un canal de información
como (Abramson01b):
"Un
canal de información viene determinado por un alfabeto de entrada A = {ai}, i = 1, 2,
..., r; un alfabeto de salida B = {bj}, j = 1, 2, ..., s; y un conjunto de
probabilidades condicionales P(bj/ai). P(bj/ai) es la probabilidad de recibir a la
salida el símbolo bj
cuando se envía el símbolo de entrada ai."
Así,
en efecto, para un canal de información se definen los conceptos siguientes: la
información mutua (que equivale a la
capacidad del canal):
I (A; B) =
H (A)
- H (A/B)
y
su equivocación:
E (A/B) = SA,B P(a,b) . log P(a/b)-1
ñ Apéndice 2 (cálculo de los «indicadores de belleza»)
a ) I =
0,9 b
) I =
1,6
O = 1 O
= 1
B = O / I = 1 / 0,9
= 1,111 B = O /
I =
1 / 1,6 = 0,625
c ) I =
0,9 d
) I =
1,6
O = 0,333 O = 0,666
B
= O / I = 0,333 / 0,9 = 0,37 B =O /
I = 0,666/ 1,6 = 0,416
e ) I =
0,9 f
) I =
1,6
O =
0 O
= 1 - D = 1 - ( 3 / 3 ) = 0
B = O / I = 0 / 0,9 = 0 B
= O / I = 0 / 1,6 = 0
Donde «D» es el Desorden («1 - O»).
ñ Apéndice 3 (autores que se refieren al tema)
Seguidamente veremos la opinión de
algunos autores de la historia del pensamiento respecto al concepto de «belleza».
Heidegger:
El origen de la obra de arte16.
La belleza
descansa en la forma, pero sólo porque la forma se alumbró un día desde el ser
como la entidad del ente. Forma y contenido, es forma y materia, lo racional y
lo irracional, lo sujeto y objeto. Aquí forma se la interpreta como Orden y Clase de materia. Diferencia
entre el arte y la belleza: el primero pertenece a la lógica y el segundo a la estética.
Diderot:
Investigaciones sobre el Origen y la
Naturaleza de lo bello10.
Hay dos maneras de lo
bello:
- lo bello fuera de uno: es todo aquello que
contiene en sí mismo el poder de evocar en el entendimiento la idea de relaciones. Aquí se ve
claramente el concepto de Orden.
- lo bello en relación con uno: todo aquello
que provoca la idea anterior. Tiene
dos maneras: lo bello real, y lo bello
percibido.
No existe lo bello absoluto. No es un asunto
sentimental:
- "La
indeterminación de esas relaciones , la facilidad de captarlas y el placer que
acompaña a su percepción, son los que crean la ilusión de que lo bello era más un asunto sentimental que
racional".
- "Situad la belleza en la percepción de las
relaciones , y tendréis la historia de sus progresos desde el nacimiento del
mundo hasta nuestros días".
- "El alma tiene
el poder de unir las ideas que ha
recibido separadamente,..."
Hegel:
Estética15.
La belleza de la
forma en la naturaleza se presenta sucesivamente como: 1º regularidad, 2º simetría y conformidad, 3º
armonía. La belleza es
la idea de lo bello: "... la cantidad rige la determinación de la forma puramente exterior, en tanto que
por el contrario, la cualidad
determina lo que la cosa en sí y en
su esencia interior, ... en la medida
se combinan ambas".
Kant:
Crítica del juicio19.
"Para discernir
si algo es bello o no, referimos la
representación, no por el entendimiento al objeto con vistas al conocimiento,
sino por la imaginación (tal vez unida al entendimiento) al sujeto y al
sentimiento de agrado o desagrado experimentado por éste".
Lo estético: no se
funda en conceptos, no se puede medir: "No puede haber ninguna regla de
gusto objetiva que determine por conceptos lo que sea bello, puesto que todo
juicio de esta fuente es estético, es decir, que su motivo determinante es el
sentimiento del sujeto y no un concepto del objeto".
No hay ciencia sino crítica de lo bello. La sensación sensorial es
incomunicable. La comunicación viene de
lo común (u ordinario) a todos.
Schopenhauer:
El mundo como Voluntad y Representación27b.
"La belleza consiste, por consiguiente, en
la representación fiel y exacta de la voluntad en general, con ayuda de su
fenómeno en el espacio solo, mientras que la gracia consiste en la representación adecuada de la voluntad con
ayuda de su fenómeno en el
tiempo,..." (§ 45)
Gracia y belleza constituye el fenómeno más expresivo de la voluntad en su
grado supremo de objetivación. (§ 45)
San
Buenaventura: Itinerario de la mente a
Dios08.
"Considerada la
proporcionalidad en su concepto de forma, se llama hermosura; [...]"
"[...] la
hermosura y el deleite no existen sin cierta proporción; y ésta primariamente
consiste en el número [...]"
Russell:
Análisis de la materia26.
División de los
acontecimientos físicos, y los que tienen leyes
diferentes cada una en sí:
- fijos (los de
"movimientos fijos")
- ritmos (procesos
periódicos)
- trans-acciones
(transición de quanta en que la
energía pasa de sistema)
- fijos con ritmos ® leyes de la armonía
Platón,
cit. en Eggers Lan, Conrado: El sol, la
línea y la caverna12.
"—También
decimos que hay algo Bello-en-sí y Bueno-en-sí [...] y llamamos a cada una
«aquello que es»."
"[...] Leamos el
pasaje siguiente de la República VI,
507b: [...] "—También decimos que hay algo Bello-en-sí y Bueno-en-sí y,
análogamente, respecto a todas aquellas cosas que postulábamos como múltiples,
las postulamos como siendo una unidad, de acuerdo con una Idea única, y
llamamos a cada una «lo que es»."
Husserl:
Las conferencias de París18.
La teoría
trascendental de la percepción consiste
en el análisis intencional de la
percepción, la teoría trascendental del recuerdo e intuiciones, la teoría trascendental del juicio, la
teoría trascendental de la voluntad, etc.
ñ Apéndice 4 (autores que se
refieren a la metodología de estudio sobre el tema)
A continuación exponemos autores y
obras contemporáneos (con excepción de Aristóteles) que estudian la estética y
el arte, y un resumen de sus contenidos:
Rashevsky:
Progresos y aplicaciones de la biología
matemática25.
Dados modelos
neurofisiológicos de la discriminación de estímulos aferentes, se procede ha
confeccionar un modelo cerebral hipotético denominado «centro de sensación
estética». Se desarrolla una analítica matemática al respecto, y se observan
múltiples resultados experimentales de laboratorio que son confirmatorios.
Calabrese:
El lenguaje del arte09.
Trata Jakobson de
conjugar el estudio humanístico con las teorías científicas modernas, sobre
todo el de las estéticas informacionales. Se presenta la matematización de la
estética como forma de expresión.
Aristóteles:
Poética04.
Define Aristóteles la
belleza:: "[...] puesto que lo bello — sea animal o cualquier otra
cosa compuesta de algunas —no solamente debe tener ordenadas sus partes sino además con magnitud
determinada y no al acaso — porque la belleza consiste en magnitud y orden —, [
... ] como en cuerpos y animales es, sin duda, necesaria una magnitud, mas
visible toda ella de vez, de parecida manera tramas y argumentos deben tener
una magnitud tal que resulte fácilmente retenible por la memoria".
Moles:
Teoría de la Información en la percepción
estética23.
Considera Moles una
estética exacta basada en los aspectos matemáticos de la teoría de la
información y de la cibernética. Se entiende aquí que la concepción del mundo
exterior depende del conocimiento de nuestros procesos perceptivos. Trabaja
este autor en los mensajes visuales y auditivos. La información estética que
estudia está sujeta al orden de la probabilidad de su codificación.
Bense:
Aesthetica07.
Define el arte como
una intervención de seres inteligentes
sobre las situaciones estéticas, es decir, que toda realidad física es soporte
de una realidad estética fundada en un proceso de comunicación. Sus pilares han
sido la semiótica de Peirce y de Morris, los autores Shannon y Weaver en la teoría de la información, la cibernética
de Wiener, la gestáltica de Ehrenfels, y el impulso de la estética matemática
en Birkhoff.
Arnheim:
Arte y entropía05.
Tiene en cuenta las
teorías analíticas del arte basadas en las ciencias exactas (cibernética, matemática,
física teórica y teoría de la información). Señala una forma unificadora de
teorizar todos los aspectos de la vida cultural. Su fórmula fundamental es la
entropía informática, conectándose de esta manera con el segundo principio de
la termodinámica y encuadrando una estadística de la realidad física. Propone
Arnheim, para teorizar las consideraciones de la información a las actividades
estéticas, estudiar mejor los conceptos de orden y desorden entrópicos, y
verificar sus consecuencias en la noción de estructura. La consecuencia obvia
es que el arte escapa a cualquier intento de previsión y de regulación
«exacta».
Eco:
Estética y teoría de la información13.
Muestra cómo algunas
aplicaciones de la teoría de la información a objetos estéticos pueden ser reasumidas y englobadas en el cuadro de
una semiótica general.
Volli:
La ciencia del arte29.
Con similares
contenidos a la obra de Eco, agrega a la cibernética conceptos matemáticos.
Reconoce una aplicación a ambos dominios culturales: lo humanístico y lo
científico. No intenta englobar los análisis científicos del arte dentro de una semiótica del arte mismo, sino que
busca una interdisciplinariedad con la cibernética, la información, la
lingüística y la lógica.
ñ Apéndice 5 (análisis lógico del contenido que se
refiere al tema)
1 ¿Cómo se define un centro de
sensación estética? (Rashevsky)
2 ¿En qué consiste la correspondencia
analítica«experiencia?
(Rashevsky)
3 ¿Cómo se relacionan la semiótica«estética?
(Calabrese)
4 ¿Qué
entiende Aristóteles por la belleza dada como magnitud (determinada y no
al acaso) y orden? (Aristóteles)
5 ¿Por qué
considera a la estética relacionada con la cibernética y la teoría de
la información? (Moles)
6 ¿Por qué este autor habla de mensajes
estéticos? (Moles)
7 ¿Qué entiende por orden de la
probabilidad de la codificación de la información estética? (Moles)
8 ¿Por qué relaciona el arte con la comunicación
inteligente? (Bense)
9 ¿Cómo se relacionan Morris«Shannon«Wiener
en la estética? (Bense)
10 ¿Cómo se
relacionan cibernética«física«teoría de la información en la
estética? (Arnheim)
11 ¿Por qué relaciona la estética con el orden
físico y el desorden informático (entropía)? (Arnheim)
3 ¿Cómo se relacionan la semiótica«estética?
(Eco)
10 ¿Cómo se relacionan cibernética«física«teoría de la
información en la estética? (Volli)
y
ahora según un mínimo enunciado lógico
proposicional como función veritativa:
1 Existe un centro de sensación
estética.
2 Existe una correspondencia analítica«experiencia
en la estética.
3 Existe una correspondencia semiótica«estética.
4 La estética como certidumbre y
orden.
5 La estética se relaciona con la cibernética
y teoría de la información.
6 La estética como mensaje informático.
7 La estética como orden de la
información.
8 El arte como comunicación
inteligente.
9 La estética se relaciona con semiótica,
información y cibernética.
10 La estética se relaciona con la cibernética,
física y la teoría de la información.
11 La estética como orden físico y
desorden informático.
Dado que los argumentos universales
lógicos sabemos que tienen carácter condicional, se los enuncia del siguiente
modo:
1 p
2 e
É ( a º f )
3 s
º e
4 [ ( - i ) . o ] É e
5 ( c . i ) É e
6 i
É e
7 ( i
É o ) É e
8 c
É q
9 ( s . i . c ) É e
10 ( c . f . i ) É e
11 { ( f
É o ) . [ i
É ( - o ) ] }
É e
donde
las significaciones pertinentes son:
a
®
analítica
s
®
semiótica
q
®
arte
e
®
ontología estética
f
®
ontologías de la experiencia física
o
®
orden
i
®
información
c
®
cibernética
Siguiendo con nuestro propósito,
primero entonces encontramos que hablan de la estética los enunciados 2, 3, 4,
6, 7 y 11 (descartando el 2 por no ser una implicación) y que tomaremos como
premisas:
3 s
º e
4 [ ( - i ) . o ] É e
6 i
É e
7 ( i
É o ) É e
9 ( s . i . c ) É e
11 { ( f
É o ) . [ i
É ( - o ) ] }
É e
de
donde procedemos a hacer una deducción lógica
12 { [ i
É ( - o ) ] }
É e de 11 por Simplificación
13 [ o
É ( - i ) ]
É e de 12 por Trasposición
14 { o
É [ o . ( - i ) ] } É e de 13 por Absorción
15 [ o . ( - i ) ] É e de 14 por Redundancia (*)
4 [ ( - i ) . o ] É e de
15 por Conmutación
y
por otra parte
16 s
É e de 9 y 3 por Simplificación
donde
observamos que los enunciados 4 y 11 poseen la misma forma lógica de validez,
y, por consiguiente, los adoptamos como conclusión final. Le agregamos, además,
el contenido que expresa la 16. Así, en suma, se definen las variables
estéticas a estudiar como la proposición lógica siguiente:
4-11-16 [ ( - i ) . o ] É e
que
expresada como proposición lingüística es
4-11-16 «La
estética —«belleza»— como el orden de objetos físicos (signos) y de su certidumbre
informática»
(*) Verificación
Premisa
1 (p É q) É r
Conclusión
2 p É r
Verificación
3 [ p É
(p . q) ] É
r 1 Absorción
4 [ p É
p ] É
r 3 Simplificación
5 p É r 4 Tautología
ñ Apéndice 6 (análisis lógico de las disciplinas que estudian el
tema)
Encontramos que hablan de la
estética los enunciados 5, 9 y 10 que tomamos como premisas:
5 ( c . i ) É e
9 ( s . i . c ) É e
10 ( c . f . i ) É e
los
que nos permitirán hacer una deducción lógica
17 ( i . c ) É e de 5
por Conmutación
17 ( i . c ) É e de 9
por Simplificación
17 ( i . c ) É e de 10
por Conmutación y Simplificación
de
donde observamos que los enunciados 5, 9 y 10 poseen la misma forma lógica de
validez, y, por consiguiente, los adoptamos como conclusión final. Así, en
suma, se definen las disciplinas que estudian la estética como proposición
lógica:
5-9-10 ( i . c )
É e
que
expresada como proposición lingüística es:
5-9-10 «La
estética se relaciona con la Cibernética y la Teoría de la
Información.»
ñ Apéndice 7 (ejemplo
empírico)
A
modo de ejemplo mediremos la «belleza» de una aferencia visual, como por
ejemplo la de un cuadro cualquiera.
Dadas
consideraciones subjetivas estéticas (psicologías, filogenia, edad, etc.),
culturales (marco social, momento
temporal, etc.), etc., presentamos
cuatro objetos posibles dados en la figura siguiente (aquí N = 4). Ellos son el
lote total de símbolos que podrán aparecer en el cuadro. Seguidamente estimamos
las probabilidades con que se espera —«certidumbres»— que cada símbolo aparezca
en un «cuadro bello» para unos diez chicos de un colegio:
P1
= 30 %
(casa)
P2 = 30 % (sol)
P3 = 30 % (árbol)
P4 = 10 % (cohete)

Obtenemos entonces, ayudados por las
fórmulas precedentes, las siguientes «informaciones» respectivas
I1 = 0,52
I2 = 0,52
I3 = 0,52
I4 = 1
Luego se ubicarán los mismos al azar
en seis paisajes hechos cada uno por sólo tres de ellos como se muestra en la
figura —como n = 3 se deberá tener en cuenta que no se está cumpliendo con que
el mismo es muy grande. Se debiera también considerar un último objeto
infaltable, que es lo dado por el marco
de fondo del paisaje (v. g.: pradera, montañas, etc. o bien nada como en
este caso), pero para simplificar se lo omitirá.

Para
los distintos cuadros tendremos entonces los respectivos «indicadores de
belleza» (recurrir al Apéndice 2):
a) 1,111 b)
0,625 c) 0,37
d) 0,416 e) 0 f) 0
y
que se propondrá ofrecer en el siguiente esquema sinóptico de respuestas
algorítmicas:
cuadro
más bello cuadro menos
bello
a ® b ® d ® c ® e ® f
Ahora se contrastarán los resultados
con los alumnos consultados. Se muestra cada cuadro e indicarán, a su parecer,
cual es el más «lindo». Los resultados son los que siguen, y que los
presentamos en el siguiente esquema sinóptico de respuestas empíricas:
cuadro
más bello cuadro menos
bello
algorítmica a e, f
Gabriel a e,
c, f
Vanesa a e,
c, d Sebastián b d, f
Las
respuestas encontradas, fruto de los cálculos establecidos, vemos que se
relacionan de algún modo con nuestro juicio sobre la «belleza». Repetimos, que
no se ha tratado aquí de reconocer a la «belleza en sí», ya que ésta es
posiblemente una cuestión trascendente y por lo tanto metafísica, ajena al
conocimiento científico; sólo se ha tratado de aproximar sus efectos a un
cierto contexto social-histórico determinado «indicándolo» con un valor
numérico de grado.
ñ Apéndice 8 (ejemplo empírico)
Determinación de la cantidad de
información de una imagen de 300.000 puntos con 10 niveles de brillo (pudiendo
haber 10300.000
imágenes distintas e igualmente probables, la posibilidad entonces de una de
las es igual a 1/10300.000):
I1 =
300.000 log 10 = 300.000
[Hartley]
Determinación de la cantidad de
información de una secuencia de 1.000 palabras tomadas de un vocabulario de
10.000 de ellas (la probabilidad de una secuencia de 1.000 palabras es
1/(10.000)1.000):
I2 =
1.000 log 10.000 = 4.000
[Hartley]
Relación entre ambas:
I1 / I2
= 75
ñ Apéndice 9 (problemática
de la autoaplicabilidad)
Avicena nos dice02:
«No puede haber, para un ser
esencialmente posible, causas esencialmente posibles, sin fin en algún momento.
En tanto que un ser es posible e incapaz de producirse a sí mismo, tiene que
haber algún ser original capaz de darle existencia. Más aún, supongamos que
todos los seres son posibles. Tendrán que ser creados o no creados. Si son no
creados, entonces la causa de su existencia permanente debe estar o en su
esencia, o en alguna otra cosa. Si está en su esencia, serán seres necesarios,
y si en otra cosa, entonces serán seres posibles. Si son seres creados,
entonces tiene que darse la causa de su creación y la causa de su permanencia,
y la causa de ambas puede ser la misma.»
y
luego Anselmo03 (cuestión
retomada más tarde por Descartes):
«[...] creemos ciertamente que Tú eres
algo mayor que lo cual nada puede pensarse.
¿Y si, por ventura, no existe una tal naturaleza puesto que el insensato
dijo en su corazón: no existe Dios? Mas el propio insensato, cuando oye esto
mismo que yo digo: "algo mayor que lo cual nada puede pensarse",
entiende lo que oye; y lo que entiende está en su entendimiento, aunque no
entienda que aquello exista realmente. Una cosa es, pues, que la cosa esté en
el entendimiento, y otra entender que la cosa existe en realidad. [...] El
insensato debe convencerse, pues, de que existe, al menos en el entendimiento,
algo mayor que lo cual nada puede pensarse, porque cuando oye esto, lo
entiende, y lo que se entiende existe en el entendimiento. Y, en verdad,
aquello mayor que lo cual nada puede pensarse, no puede existir sólo en el
entendimiento. Pues si sólo existe en el entendimiento, aquello mayor que lo cual
nada puede pensarse es lo mismo que aquello mayor que lo cual puede pensarse
algo. Pero esto ciertamente no puede ser. Existe, por tanto, fuera de toda
duda, algo mayor que lo cual nada puede pensarse, tanto en el entendimiento
como en la realidad. [...] Luego existe verdaderamente algo mayor que lo cual
nada puede pensarse, y de tal modo que no puede pensarse que no exista. [...]»
Estos párrafos, podrían entonces ser
vistos de esta otra manera (con el enfoque del lenguaje cibernético que se
estudia: aquello mayor u holístico de la capacidad pensable como una
«indeterminación de infinitud»):
«[...] creemos ciertamente que Tú eres
algo infinito [infinitud]. ¿Y si, por
ventura, no existe una tal naturaleza puesto que el insensato dijo en su
corazón: no existe Dios? Mas el propio insensato, cuando oye esto mismo que yo
digo: "algo infinito", entiende lo que oye; y lo que entiende está en
su entendimiento, aunque no entienda que aquello exista realmente. Una cosa es,
pues, que la cosa esté en el entendimiento, y otra entender que la cosa existe
en realidad. [...] El insensato debe convencerse, pues, de que existe, al menos
en el entendimiento, algo infinito, porque cuando oye esto, lo entiende, y lo
que se entiende existe en el entendimiento. Y, en verdad, aquello infinito, no
puede existir sólo en el entendimiento. Pues si sólo existe en el
entendimiento, aquello infinito es lo mismo que aquello finito. Pero esto
ciertamente no puede ser. Existe, por tanto, fuera de toda duda, algo infinito,
tanto en el entendimiento como en la realidad. [...] Luego existe
verdaderamente algo infinito, y de tal modo que no puede pensarse que no
exista. [...]»
que
no es más que el problema algorítmico estudiado
por Gödel y Church.
ñ Apéndice 10
(interpretación de la argumentación ontológica)
Seguidamente analizaremos la
interpretación personal que se ha expuesto de Anselmo:
1- «[...] creemos
ciertamente que Tú eres algo infinito [...]»
2- «[...] el propio
insensato, cuando oye esto mismo que yo digo: "algo infinito",
entiende lo que oye [...].»
3- «[...] Una cosa
es, pues, que la cosa esté en el entendimiento, y otra entender que la cosa
existe en realidad. [...]
4- «[...] El
insensato debe convencerse, pues, de que existe, al menos en el entendimiento,
algo infinito [...].»
5- «[...] existe
verdaderamente algo infinito, y de tal modo que no puede pensarse que no
exista. [...]»
y
que podemos simplificar
1 Dios
es infinito.
2 El
insensato entiende lo infinito.
3 El
insensato sólo piensa en la realidad.
4 Lo
infinito está en el entendimiento.
5 El
entendimiento piensa en el infinito.
para
darle forma lógica
1 d
º ¥
2 ¥ É
e
3 (
i É
p ) É
r
4 ¥ º e
5 (
e É
p ) É ¥
donde
d: Dios, ¥: infinito, e: entendimiento, i: insensato,
p: pensamiento, y r: realidad; por lo que
6 e É ¥ de
5 por Redundancia (el e se aplica a lo ¥
)
4´ ¥ º e se verifica la 4 en 2 y 6 por Simplificación
7 (
e É
p ) É
e de
4 y 5 por Igualdad (autoaplicabilidad de e)
8 d
É
e de 1 y 2 por Igualdad (d se aplica al e)
9 p
É
r de 3 por Redundancia (*)
(el p se aplica a la r)
10 e
É
p de 5 por Redundancia (el e se aplica al p)
11
¥ É p de 2 y 10 por Redundancia (el ¥ se aplica al p)
o
bien
4´ y 11 Lo infinito ya se halla en la entendibilidad del pensamiento
7 y 8 El entendimiento se autoaplica con la ayuda divina.
(*) Verificación
Premisa
1 (p É q) É r
Conclusión
2 q É r
Verificación
3 q É
(q . r) 2 Absorción
4 q É r 3 Simplificación
p q r p É q q
É
r (p É q) É r [(p
É
q) É
r] É
[q É r]
0 0 0 1 1 0 1
0 0 1 1 1 1 1
0 1 0 1 0 0 1
0 1 1 1 1 1 1
1 0 0 0 1 1 1
1 0 1 0 1 1 1
1 1 0 1 0 0 1
1 1 1 1 1 1 1
ñ Apéndice 11 (artes
intuitivo y simbólico)
Para Schopenhauer el arte tiene un
origen híbrido, a saber, tiene Ideas (platónicas) y nociones. Ambas producen un
placer estético28 (§ XXXV) y
permiten comunicar las mismas al espíritu que las concibe27
(§ 50). Dirigido el arte a lo estético es intuitivo y dirigido a la noción es
simbólico27 (§ 50).

ñ Conclusiones
ñ Conclusiones sobre la estética
Todos los estudios precedentes
muestran que es afirmativa la respuesta a la argumentación del trabajo.
Se pensará entonces medir la
«belleza» de un cuadro como el cociente entre el Orden y la Información de sus
objetos. A esta razón se la ha denominado «índice trascendental», porque es
meramente ostensivo de una cuantificación del valor axiológico, y sin pretender
ontologizarlo. En suma, entonces:
índice de la
Belleza = Orden / Información
Se considera el presente cometido
como un problema de orden teórico-práctico, es decir, de un planteamiento
filosófico-científico. El mismo no sólo se encuentra sin resolver sino que es
cuestionado fuertemente por críticos de la historia del pensamiento humano.
Pretende también determinar a posteriori
un impacto social apreciable; son ejemplos:
1º- implementar un software aplicado
a las computadoras personales standard y que permita, por ejemplo a la
Arquitectura de un marco social determinado, establecer rápidamente y con
seguridad, en función de las premisas
estéticas previamente establecidas en su programación, la magnitud de su belleza (o fealdad).
2º- aplicar los conocimientos a los
rubros de Arquitectura, Publicidad, Arte, Música, etc.
3º- permitir un método de mensura al
efecto, con los fines de una investigación ampliatoria.
Aclarado esto, se podrá también
proceder a trabajar desde dos enfoques posibles:
1º) Medir la belleza de algo en función
de los estudios precedentes.
2º) Sintetizar, es decir, fabricar
la belleza partiendo de los estudios precedentes.
Para
el segundo caso, siguiendo con el
ejemplo de la Arquitectura, o bien con el de la Música, bastaría con implementar un software que
incorpore los objetos (columnas, vigas, etc., o bien acordes, melodías, etc.)
considerados bioestadísticamente como los más ordenados y esperados para que el programa elabore diferentes
representaciones en su interface los edificios más o menos bellos a construir,
o bien los temas musicales más o menos agradables posibles.
Se podrían discutir aquí las
dispersiones que tiene esta respuesta empírica con los resultados matemáticos.
Ello es, evidentemente, un tema que como se comprenderá, ajeno al trabajo
propuesto debido a la complejidad que involucra.
Del
mismo modo se presentará, a modo hipotético y dando cauce a posibles
investigaciones futuras, una analogía sistémica —enfoque de esquemas que estudia
la Cibernética— de lo expresado en el esquema de la figura siguiente. El mismo
muestra una extensión de las ideas estéticas de Schopenhauer. Ellas, las ideas,
configuradas en un plano trascendente, se producen en el hombre de dos maneras:
como Orden y como Información —posiblemente detallando las operativas de ambos
hemisferios cerebrales. Resultará la «estética» de ellas como fruto holístico
de la combinación de estas dos concepciones.

Tampoco será ajeno al estudio la
mira científica-filosófica que enlaza los conceptos de hábito-certidumbre,
respectivamente, puesto que el primero hace hincapié sobre la costumbre o
facilitación neurológica e histológica orgánica, y la segunda sobre los
acontecimientos de la incertidumbre de la información de los mensajes
significados.
ñ Conclusiones
sobre el arte
El «arte» puede interpretarse como
un canal informático que transmite un mensaje denominado artístico y que
consiste en una información consciente y otra inconsciente, donde también suele
adicionar (aunque no necesariamente) una estética (belleza y/o fealdad). Será,
por lo tanto, mensurable por su capacidad, ancho y equivocación.
Si esta información tiene destino
sobre sí mismo en el propio artista o en otro sujeto receptor, es tema que aquí
no se discute —me refiero a las informaciones de los mensajes estadísticamente
independientes o no como fuentes de Markov (Abramson01,
ob. cit.).
A modo de resumen se presenta una
interpretación sistémica del arte del artista en la figura que sigue. En ella
la naturaleza ofrece una riqueza de símbolos a representar y que determina una
esperanza a aparecer (entropía). Será luego su transcriptor, el artista, el que
configure los mismos en un ideal —Idea platónica de Schopenhauer— a plasmar a
través de sus posibilidades físicas, conformando finalmente la idea —dato
informático mensurable— en la obra.

Si las Teoría de las Comunicaciones
y de la Información son aplicables correctamente a los postulados que se han
hecho, deberíamos encontrar que a mayor capacidad del artista (capacidad del
canal), seguramente su velocidad de creación disminuirá (ancho de banda menor)
al igual que su equivocación. Esta es una propiedad física de los sistemas comunicantes
(Lathi21). Sería lógico pensar que esto
es así, puesto que a mayor dedicación artística es de esperar un aumento de
prolijidad y tiempo dedicados, como asimismo una mejor determinación de las
fuentes ideológicas inequívocas a comunicar en la obra. También podríamos decir
lo mismo de los dos teoremas de Shannon (Abramson01c)
que tratan sobre el silenciamiento (inequivocidad) máximo del canal; el primero
en cuanto a las condiciones de su codificación simbólica, y el segundo en
cuanto a las características intrínsecas del canal.
De esta forma, se ha hablado en esta
segunda parte de la tesina del canal que transfiere la información del artista,
y en la primera parte de ella de la información y el orden que imprime este
artista como estética (belleza y/o fealdad). Quedará para un futuro relacionar
la conjunción de ambos, es decir, de la "información" que los dos
contienen. En otras palabras, si es que la transmisión de un dato artístico
contiene o no posibilidades de belleza al ser excento de orden, o prescindiendo
de él. Sabemos que «orden y desorden no son necesariamente conceptos
excluyentes» (Prigogine24), y tal vez
una de ellas sea sólo forma de la otra. Queda abierto el desafío entonces para
el estudio de la «verdadera obra de arte»: información consciente, subliminar y
ordenadas o no sus partes.
Ya se estaría en condiciones más
amplias ahora de dar respuesta al interrogante de la introducción a esta
tesina, me refiero a la decisión del jurado por premiar al niño ciego. Han
evaluado, seguramente, no su estética, puesto que nada bello o feo puede salir
de lo visual de un no vidente; pero sí su arte, es decir, su mensaje. Y, como
tal, les habrá sorprendido el haber pretendido mostrar por sus ojos que no ven
aquello que sólo lo es en la sensibilidad tangible. En otras palabras, el
jurado valoró el esfuerzo y afán que muestra querer ver lo que se toca, es
decir, de comunicar la información entre sensibilidades diferentes —para muchos
fuente metafísica.
Sin duda alguna, se tendrá muy claro
que lo que se expresa no pretende tener la verdad absoluta; esto ya se ha
dicho. Sólo se quiso ofrecer un posible camino de interpretación de lo que es
la obra de arte. Existirán muchas otras, desde luego, lo sé; pero no quita que
ésta pueda, si ustedes así lo juzgan como posible, tener también su lugar.
ñ Bibliografía
01 ABRAMSON, Norman: Teoría de la
Información y Codificación, 5a ed., Madrid, Paraninfo, 1981.
01a cap.
5, § 6, p. 124, ec. 5-30; cap. 5, § 13, ec. 5-97.
01b cap.
5, § 3, p. 112.
01c cap.
4, § 3, p. 89, ec. 4-15a; cap. 6, § 6, p. 183, ec. 6-34.
02 AFNÁN, Shoeil F.: El pensamiento de Avicena (1958), trad. por Vera Yamundi, Mexico, F.C.E., 1978.
03 ANSELMO, Santo: Proslogion
(1033-1109), trad. por Manuel Fuentes Benot, 5a ed., Bs. As., Aguilar, 1970.
04 ARISTÓTELES: Poética, trad. por Juan David García Bacca, Mexico, Univ. Nac. Autónoma de Mexico, 1946, § 7
(1451a).
05 ARNHEIM, s/n: Arte y entropía, 1971, cit. por Omar Calabrese: : El lenguaje del arte, Bs As., Paidós, 1987.
06 BECHTEL, W.: Filosofía de la mente, Madrid, Tecnos, 1991, caps. 3 y 4.
07 BENSE, Max: Aesthetica, 1965, cit. por Omar Calabrese: El lenguaje del arte, Bs As., Paidós,
1987.
08 BUENAVENTURA, Santo: Itinerario de la mente
a Dios, s/l, Aguilar, 1962, cap. II.
09 CALABRESE, Omar: El lenguaje del arte, Bs As., Paidós, 1987.
10 DIDEROT, Denis: Investigaciones sobre el Origen y la Naturaleza de lo bello, trad.
por Francisco Calvo
Serraller, Bs. As., Orbis, 1984.
11 EDDINGTON, Arthur S.: La naturaleza del mundo físico (1937),
trad. por Carlos María Reyles,
2a
ed., Bs. As., Sudamericana, 1952, cap. IV, pp. 91-92 y 96.
12 EGGERS LAN, Conrado: El sol, la línea y la caverna, Bs. As.,
Ed. Universitaria de Bs. As.,
s/f, cap. VI.
13 ECO, Umberto: Estética y teoría de la información, 1972, cit. por Omar Calabrese:
El lenguaje
del arte, Bs As., Paidós, 1987.
14 GMURMAN, V. E.: Teoría de las probabilidades y estadística matemática, trad. por Akop Grdian, Moscú, Mir,
1974, Parte primera, cap. primero, § 3, p. 19.
15 HEGEL, J. G. F.: Estética, trad. por Ch. Bénard, 2a ed., Madrid, Daniel Jorro, 1908, t. I.
16 HEIDEGGER, Martín: El origen de la obra de arte, en Arte y poesía, Mexico, F.C.E., 1952,
pp. 31-96.
17 HOBBES, Thomas: Leviatán (1651), trad. por Manuel Sánchez Sarto, Mexico, F.C.E., 1940, PARTE I, cap. 5, págs.
32-33.
18 HUSSERL, Edmund: Las conferencias de París (1942), trad. por Antonio Zirión, Mexico, Universidad
Nacional Autónoma de Mexico, 1988, p. 28.
19 KANT, Immanuel: Crítica del Juicio (1790), trad. por José Rovira Armengol, Bs. As.,
Losada, 1961.
19a
PRIMERA PARTE, SECCIÓN SEGUNDA, § 60.
20 KANT, Immanuel: Crítica de la Razón pura (A 1781 y B 1787), trad. por Pedro Ribas, Madrid, Alfaguara, 1978.
21 LATHI, B. P.: Introducción a la Teoría y Sistemas de Comunicación, Mexico,
Limusa, 1974.
22 LOCKE, John: Ensayo Sobre el Entendimiento Humano (1690), trad. por Edmundo O´Gorman, Mexico,
F.C.E., 1956.
23 MOLES, Abraham: Teoría de la Información en la percepción estética, 1958, cit. por Omar Calabrese: El lenguaje del arte, Bs As., Paidós,
1987.
24 PRIGOGINE, Ilya: ¿Tan sólo una ilusión? (1983), trad. de Francisco Martín,
Barcelona, Tusquets, 3a ed., 1993,
Primera Parte, cap.: Tiempo, vida y entropía,
§ 3, p. 127.
25 RASHEVSKY, Nicolás: Progresos y aplicaciones de la biología
matemática, trad. por Máximo
Valentinuzzi, Bs. As., Espasa-Calpe, 1947.
26 RUSSELL, Bertrand: Análisis de la materia (1927), trad. por Eulogio Mellado, 2a ed., Madrid, Taurus, 1976.
27 SCHOPENHAUER, Arthur: El mundo como Voluntad y Representación (1819),
Madrid, Hyspamérica,
1985, vol. I.
27a LIBRO
TERCERO, Segunda consideración, § 49, p. 63; § 50, p. 66.
27b LIBRO
TERCERO, Segunda consideracón, § 45, p. 55.
28 SCHOPENHAUER, Arthur: El mundo como Voluntad y Representación (1844),
trad. por Eduardo
Ovejero y Maury, Bs. As., El Ateneo, 1950, vol. II, Libro III, cap. XXXIV, pp. 444 y 446; Libro III,
cap. XXXV, p. 453.
29 VOLLI, Hugo: La ciencia del arte, 1972, cit. por Omar Calabrese: El lenguaje del arte, Bs As., Paidós, 1987.
30 WITTGENSTEIN, Ludwing: Tractatus logico-philosophicus (1918),
trad. por E. T Galván,
Madrid, Alianza, 1973.
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